México Cuántico

2018 es un año complicado para mi país. Después de 6 años bastante convulsos, estamos al borde de otra elección presidencial -dónde, para sorpresa de nadie, ningún candidato político goza realmente de la aceptación pública mayoritaria-, y es al mismo tiempo año del mundial de fútbol. Y es que México ama el fútbol a extremos bastante radicales. No es el único país que así lo hace, pero nos pone en una encrucijada curiosa: ¿Qué saldrá triunfante: nuestro hedonismo futbolero o nuestra atención al enredado panorama político?

Existen 5 candidatos, de los cuales dos hacen historia al ser independientes y al haber comprado las firmas que ocupaban -y a pesar de que se le detectó a uno, se le dejo pasar-. Los otros 3 son los de siempre, los de los partidos populares, los subyugantes, los golpeadores. Bueno, el hermano menor de ellos constantemente cambia de nombre, se disfraza y nunca obtiene mucho de lo que pide, pero probablemente si lo consigue sea igual que los otros.
Todos los candidatos tienen escándalos tras de sí: uno es investigado por lavado de dinero -y gastó una cantidad increíble de dinero en su campaña-, otro estuvo confabulado con un gobernador que cambió quimioterapias de niños por simple agua, condenándolos sin pudor ni remordimiento. El tercero se le acusa de vivir del erario, aunque tiene varios libros publicados que podrían justificar cierto ingreso. La cuarta es de la que menos se habla, pero fue primera dama del 2006-2012 y se cree que de quedar electa no sería ella realmente la dirigente. El quinto es el Mocha-manos preferido de los regios, que no ha cumplido aquí nada y de quedar tampoco cumpliría nada. Faltó a su promesa de no chapulinear -postularse a otro cargo antes de terminar el presente-, faltó a su promesa de ejercer mano dura para el ex gobernador y demás.

Cantidad de mexicanos
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que desconfían del ine

No vengo a hacer una imagen completa del aspecto político, sino de México, a como yo lo veo. De este país hermoso y bienamado a la vez que vilipendiado por sus mismas personas y dirigentes. De este país de montañas y ríos y valles.

De pirámides y mujer dormida. Porque México es todo, al igual que su gente.
El año pasado, 2017, el centro del país sufrió un sismo de magnitud 7,1 en la escala Richter el 19 de septiembre, exactamente 32 años después del devastador sismo del 85. Las calles se abrieron, edificios cayeron, puentes sucumbieron y personas murieron. El país, la verdad, no sé lo creía, ¿cómo pudo ocurrir otro sismo tan fuerte en la misma fecha del sismo anterior? Tenía que ser una broma.
Pero mientras el polvo y las brumas se asentaban y los gritos se mezclaban con el silencio de la incredulidad, la realidad llegó a pegar fuerte. La tierra se sacudió y soltó su indiferente castigo ante todos.
Y en el lapso en que el gobierno decidía que hacer, México se partió en millones de pedacitos y se metió dentro de cada mexicano cuyo corazón todavía latía y lo hizo levantarse y lo hizo moverse y lo hizo extender la mano, para sacar de los escombros a ese desconocido, para hacerle espacio a los animales heridos, para olvidar el costo que implicaría ceder tu comida y tus vehículos y tus mantas con tal de conseguir salvar una vida más. Con tal de robarle unos segundos a la muerte.

Fuera del país, todos estaban anonadados. ¿Qué era esta increíble solidaridad incansable? ¿Cómo era posible que sobraran voluntarios? ¿Cómo era posible se trabajara con la misma intensidad a las 3 de la madrugada que de la tarde? ¿Cómo era posible, que este país sumido en la corrupción, tuviese este noble acto con tantas nobles personas sacando lo mejor de sí a cada gota?
México gritaba a través de la boca de cada uno de los mexicanos. México, era fuerza. México, era vida. México lo era todo.
Que tiemble lo que tenga que temblar, nosotros no nos amilanamos. Aquí hay sangre vieja y nueva. Aquí hay algo diferente. No transpirábamos sudor, sino fuego. Y vida. Y amor.

Y el mundo reaccionó a como pudo y supo, donaron dinero, donaron víveres, dieron palabras de aliento y gratitud y condolencias.
Para cuando gobierno y fuerzas oficiales reaccionaron, el pueblo estaba harto de su pasividad incluso en esta increíble crisis. Que se parta la tierra y no puedan ni olvidarse de la burocracia por ello. Del robo. Del provecho. Que antes reaccionaran empresas privadas de otros países.
Y que justo cuando empezaron a ayudar, empezó a desaparecer el dinero. Empezaron a atracar las camionetas con víveres. No sólo la naturaleza atacaba al mexicano, sino su propio gobierno quería hacer mella en esta unión nacida de la muerte y el caos.

Pero el tiempo pasa y el combustible se quema y se apagan las noticias y el fervor. Hoy quedan ecos de aquellos días, tan recientes y tan pasados. Se ha avivado el pueblo de nuevo, pero esta vez por la etapa final de la candidatura a la presidencia.
¿Y el amor y la unión que llevó al mexicano a ser admirado en todo el mundo? Se desvaneció. La solidaridad, se quebró. Hoy somos parciales y partidistas. Hoy vociferamos propaganda falsa y alentamos a cambiar votos bajo la vieja estratagema del “voto útil” en lugar del sincero. Un pueblo reprobado en matemáticas empieza a creerse maestros de la estadística y la teoría de juegos. Empiezan las querellas. Los amigos se pelean. Los familiares se distancian. Pareciera que la única indiferente es Frida, con su lomito suave enajenada al tumulto político.

Y así, somos a la vez el mejor pueblo del mundo y el más corrupto y violento. Somos un

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donde dependiendo la observación determinará nuestro estado de bondad o maldad, y mientras tanto nos mantenemos en una incertidumbre de no saber lo que somos, hasta que nos define: o una catástrofe o una elección.
Pero nunca nosotros mismos.

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Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.