
Recuerdo llegar y contemplar el escenario mientras el viento silba a nuestro alrededor, preparando las fotografías que tomaríamos. ¿Haz sentido la piel cuando la expectativa es sobrepasada por la realidad?
Una pareja -regularmente- expectante, nosotros observando las montañas de fondo y el paisaje invitando a no sólo una sesión, sino un momento inolvidable.
Guiábamos a las parejas a expresar su amor. Levantábamos la cámara y hacíamos click…
Hoy aquí al volver veo carreteras destruidas y soledad. No hay personas alrededor. Pero el viento silba como siempre.
La carretera no existe ya y el agua ha tomado su lugar en la tregua que el huracán Alberto le ha permitido, liberándola de las tuberías que la encarcelaron durante años. Siento su paz.

Recuerdo llegar y contemplar el escenario mientras el viento silba a nuestro alrededor, preparando las fotografías que tomaríamos. ¿Haz sentido la piel cuando la expectativa es sobrepasada por la realidad?
Una pareja -regularmente- expectante, nosotros observando las montañas de fondo y el paisaje invitando a no sólo una sesión, sino un momento inolvidable.
Guiábamos a las parejas a expresar su amor. Levantábamos la cámara y hacíamos click…
Hoy aquí al volver veo carreteras destruidas y soledad. No hay personas alrededor. Pero el viento silba como siempre.
La carretera no existe ya y el agua ha tomado su lugar en la tregua que el huracán Alberto le ha permitido, liberándola de las tuberías que la encarcelaron durante años. Siento su paz.

Vuelan alto y en círculo parvadas de aves y el verde del lugar está más radiante que nunca. Tiene de nuevo su espacio y recursos.
La soledad no es tal cuando empieza a subir desde los pies a la cabeza la sensación de estar en un lugar rebosante de vida y al natural. No, no gracias al hombre… sino gracias a la tormenta y la tempestad.

Como respondiendo a un llamado de auxilio, inaudible para nosotros.
¿Qué tanto nos hemos desconectado de nuestro verdadero hogar?
Reflexiono mientras hundo los pies en el agua cristalina y las piedras de un río que volvió a ser río, levantando la vista hacia las montañas y las nubes y siento como el viento silba a mi alrededor.

Como respondiendo a un llamado de auxilio, inaudible para nosotros.
¿Qué tanto nos hemos desconectado de nuestro verdadero hogar?
Reflexiono mientras hundo los pies en el agua cristalina y las piedras de un río que volvió a ser río, levantando la vista hacia las montañas y las nubes y siento como el viento silba a mi alrededor.

Recuerdo llegar y contemplar el escenario mientras el viento silba a nuestro alrededor, preparando las fotografías que tomaríamos. ¿Haz sentido la piel cuando la expectativa es sobrepasada por la realidad?
Una pareja -regularmente- expectante, nosotros observando las montañas de fondo y el paisaje invitando a no sólo una sesión, sino un momento inolvidable.
Guiábamos a las parejas a expresar su amor. Levantábamos la cámara y hacíamos click…

Hoy aquí al volver veo carreteras destruidas y soledad. No hay personas alrededor. Pero el viento silba como siempre.
La carretera no existe ya y el agua ha tomado su lugar en la tregua que el huracán Alberto le ha permitido, liberándola de las tuberías que la encarcelaron durante años. Siento su paz.

Vuelan alto y en círculo parvadas de aves y el verde del lugar está más radiante que nunca. Tiene de nuevo su espacio y recursos.
La soledad no es tal cuando empieza a subir desde los pies a la cabeza la sensación de estar en un lugar rebosante de vida y al natural. No, no gracias al hombre… sino gracias a la tormenta y la tempestad.

Como respondiendo a un llamado de auxilio, inaudible para nosotros.
¿Qué tanto nos hemos desconectado de nuestro verdadero hogar?
Reflexiono mientras hundo los pies en el agua cristalina y las piedras de un río que volvió a ser río, levantando la vista hacia las montañas y las nubes y siento como el viento silba a mi alrededor.

Como respondiendo a un llamado de auxilio, inaudible para nosotros.
¿Qué tanto nos hemos desconectado de nuestro verdadero hogar?
Reflexiono mientras hundo los pies en el agua cristalina y las piedras de un río que volvió a ser río, levantando la vista hacia las montañas y las nubes y siento como el viento silba a mi alrededor.

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.
