Microambientes

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Ya hablamos anteriormente acerca de los microclimas, que en esencia es el conjunto de características de húmedad, luz, temperatura, terreno. Influyen unos sobre otros para crear un ambiente específico de clima. Pero en el sentido más general y amplio de la palabra ambiente es lo que quiero hablar hoy.

Tu jardín, por pequeño que sea, es un microambiente.


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Lo que significa que tendrá su propia flora (obvio, la que tú introduces) y su fauna. La fauna llegará por si sola, en forma de pequeños animales invertebrados que traerán consigo a su vez otro tipo de flora y también del reino fungi -osea, hongos-. 

Se encuentra bastante arraigado en el colectivo cultural que rodea a Monterrey el hecho de tener jardines estériles. Que persista únicamente lo que se ha puesto de manera deliberada y usar insecticidas, pesticidas, herbicidas y demás para aniquilar lo desconocido. Sin embargo, con la crisis medioambiental en la que está sumergida el planeta, todo grano de ayuda cuenta y nuestros microambientes pueden ser oasis para la vida misma.

La ignorancia es el factor principal del miedo. Es la razón principal de las prácticas destructivas que ha estado teniendo la humanidad desde hace décadas. Comprender lo que nos rodea no sólo nos permite un mayor entendimiento y paz, sino mejores decisiones por y para nosotros y los demás. En este ciclo en el que estamos metidos todos, es innegable que mantener todas las piezas es importante. Ninguna, por pequeña que sea, vale menos.


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Un microambiente será tan dinámico como los microclimas que albergue, los cuidados que se les brinde y la energía que se le suministre. Que tu jardín tenga moscas, arañas, hormigas, abejas, orugas, gusanos, mariposas, cochinillas es un indicativo claro de que estás haciendo un excelente trabajo en proveer refugio y salud. 

Sin embargo, al ser un ambiente pequeño, la posibilidad de que salga de control es mucho mayor que en un ambiente más extenso. Un pequeño desequilibrio puede resultar en catástrofe, entendiendo esta como la muerte total de las plantas, la erosión del sustrato o la proliferación de alguna plaga. Un microambiente requerirá en la mayoría de las ocasiones -prácticamente en su totalidad- una supervisión humana para prosperar. (En otro post hablaré de especies de la región, que serán más fáciles de cuidar y atraer fauna por ya estar adaptadas al entorno)


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Aunque es cierto que algunos pueden ser diseñados desde el inicio para la autorregulación, requiere de mayor esfuerzo y conocimientos y en este post estoy hablando desde una perspectiva mucho más general, por lo tanto estos microambientes son más “abiertos” pero requieren de nuestra mano más consistentemente.

Suministrar agua, sombra, luz, nutrientes, entre otras cosas permitirá controlar y propiciar el tipo de vida que habrá y la regulación. Y ¿por qué habríamos de querer o de buscar que exista algo más aparte de las plantas de nuestro jardín? Por el jardín mismo. Es más fácil que prosperen las plantas que también tiene lo necesario para ser polinizada, para transformar los desechos en nutrientes, que le remuevan y aireen la tierra, que le brinde la protección ante el clima y la deshidratación.


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Un microambiente -aparte de la maravilla de ver “al mundo” en pequeño- contribuirá de manera indirecta a preservar nuestro entorno. ¿De qué manera? El ciclo de la vida tiene multitud de engranajes y partes que funcionan al unísono. Tu pequeño jardín puede ser el refugio de abejas que polinizaran las plantas de un parque cercano, de las que comerán otros bichos que servirán de alimento para aves, que defecaran en el suelo y aportaran abundante nitrógeno propiciando el crecimiento de raíces que harán árboles más fuertes donde podrán vivir pequeños mamíferos o descansarán en su migración más aves o mariposas.

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Este es solo un ejemplo de lo que podemos aportar al procurar no solo la belleza y la salud de nuestro jardín, sino al abandonar las creencias tontas antiguas de que tienen que ser ambientes estériles y desprovistas de vida y dinamismo.

Y tu, en tu casa, tendrás no sólo un jardín hermoso y rebosante de vida, sino la seguridad, la paz interna, de saber que tu casa es el refugio de más seres. Contribuiste al bienestar general. Detuviste el caos y la destrucción del mundo civilizado, así nada más, con un jardín.


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Ya hablamos anteriormente acerca de los microclimas, que en esencia es el conjunto de características de húmedad, luz, temperatura, terreno. Influyen unos sobre otros para crear un ambiente específico de clima. Pero en el sentido más general y amplio de la palabra ambiente es lo que quiero hablar hoy.

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Lo que significa que tendrá su propia flora (obvio, la que tú introduces) y su fauna. La fauna llegará por si sola, en forma de pequeños animales invertebrados que traerán consigo a su vez otro tipo de flora y también del reino fungi -osea, hongos-. 

Se encuentra bastante arraigado en el colectivo cultural que rodea a Monterrey el hecho de tener jardines estériles. Que persista únicamente lo que se ha puesto de manera deliberada y usar insecticidas, pesticidas, herbicidas y demás para aniquilar lo desconocido. Sin embargo, con la crisis medioambiental en la que está sumergida el planeta, todo grano de ayuda cuenta y nuestros microambientes pueden ser oasis para la vida misma.


Tu jardín, por pequeño que sea, es un microambiente.


La ignorancia es el factor principal del miedo. Es la razón principal de las prácticas destructivas que ha estado teniendo la humanidad desde hace décadas. Comprender lo que nos rodea no sólo nos permite un mayor entendimiento y paz, sino mejores decisiones por y para nosotros y los demás. En este ciclo en el que estamos metidos todos, es innegable que mantener todas las piezas es importante. Ninguna, por pequeña que sea, vale menos.

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Un microambiente será tan dinámico como los microclimas que albergue, los cuidados que se les brinde y la energía que se le suministre. Que tu jardín tenga moscas, arañas, hormigas, abejas, orugas, gusanos, mariposas, cochinillas es un indicativo claro de que estás haciendo un excelente trabajo en proveer refugio y salud. 

Sin embargo, al ser un ambiente pequeño, la posibilidad de que salga de control es mucho mayor que en un ambiente más extenso. Un pequeño desequilibrio puede resultar en catástrofe, entendiendo esta como la muerte total de las plantas, la erosión del sustrato o la proliferación de alguna plaga. Un microambiente requerirá en la mayoría de las ocasiones -prácticamente en su totalidad- una supervisión humana para prosperar. (En otro post hablaré de especies de la región, que serán más fáciles de cuidar y atraer fauna por ya estar adaptadas al entorno)


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Un microambiente -aparte de la maravilla de ver “al mundo” en pequeño- contribuirá de manera indirecta a preservar nuestro entorno. ¿De qué manera? El ciclo de la vida tiene multitud de engranajes y partes que funcionan al unísono. Tu pequeño jardín puede ser el refugio de abejas que polinizaran las plantas de un parque cercano, de las que comerán otros bichos que servirán de alimento para aves, que defecaran en el suelo y aportaran abundante nitrógeno propiciando el crecimiento de raíces que harán árboles más fuertes donde podrán vivir pequeños mamíferos o descansarán en su migración más aves o mariposas.

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Aunque es cierto que algunos pueden ser diseñados desde el inicio para la autorregulación, requiere de mayor esfuerzo y conocimientos y en este post estoy hablando desde una perspectiva mucho más general, por lo tanto estos microambientes son más “abiertos” pero requieren de nuestra mano más consistentemente.

Suministrar agua, sombra, luz, nutrientes, entre otras cosas permitirá controlar y propiciar el tipo de vida que habrá y la regulación. Y ¿por qué habríamos de querer o de buscar que exista algo más aparte de las plantas de nuestro jardín? Por el jardín mismo. Es más fácil que prosperen las plantas que también tiene lo necesario para ser polinizada, para transformar los desechos en nutrientes, que le remuevan y aireen la tierra, que le brinde la protección ante el clima y la deshidratación.


Este es solo un ejemplo de lo que podemos aportar al procurar no solo la belleza y la salud de nuestro jardín, sino al abandonar las creencias tontas antiguas de que tienen que ser ambientes estériles y desprovistas de vida y dinamismo.

Y tu, en tu casa, tendrás no sólo un jardín hermoso y rebosante de vida, sino la seguridad, la paz interna, de saber que tu casa es el refugio de más seres. Contribuiste al bienestar general. Detuviste el caos y la destrucción del mundo civilizado, así nada más, con un jardín.

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Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.