¿Se nos fue el norte?

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Terminando de almorzar con mi familia un domingo, escucho un grito lejano y amortiguado: “norteeeee, norteeeee”. Pasa caminando un vendedor cargando, a lo mucho, 5 periódicos. Inevitable vienen a mi memoria recuerdos de la niñez, estando en la cochera jugando en casa de mis padres y escuchar el mismo sonido: “norteeeee, norteeeee” mientras pasa igualmente un vendedor, pero en un triciclo cargando centenares de periódicos. (En Monterrey uno de los periódicos más famosos y vendidos se llama “El Norte”)

Sentí algo de tristeza por el señor. Es evidente que es su trabajo y le pagan, desconozco si recibe comisión por periódico vendido, pero no quita lo desolador al verlo caminar por las calles gritando en busca de alguna interacción, pasando los días prácticamente ignorado. 

El mundo de hoy ha cambiado en gran medida a cuando nació el periódico. Ha cambiado muchísimo incluso en los últimos 20 años. El consumo de noticias pasó de medios impresos a medios televisivos a medios de internet. De repente ya no es un compendio de las noticias de la semana lo que busca la gente, sino una actualización instantánea casi constante. Si tu noticia sale un día después del hecho las probabilidades de que tu medio nazca muerto son enormes.


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En el cine, en libros y series, no es raro todavía ver que la lectura del periódico es parte de la rutina de las familias. Creo que conforme pasa el tiempo, va cambiando la percepción que tenemos del hecho en sí. Lo vemos con nostalgia y cariño cuando era algo -que al menos para mí- era aburrido y casi tedioso. Los años muchas veces transforman nuestros recuerdos dulcificando con la melancolía lo que no tenía mucho significado en la vida.

Quien me conoce, sabe que me gusta la tecnología. El progreso. Avanzar siempre hacia delante usando los descubrimientos de ciencia e ingeniería. En este caso, la facilidad de comunicación, la rapidez de propagación, la disminución de recursos naturales y no renovables y la democratización del medio son sin duda una ganancia absoluta en las noticias. No hay debate en ello.

Pero también estamos perdiendo algo, que si ponemos atención, podemos recuperar. Perdemos nuestra atención. Nuestro criterio. Nuestro pensamiento crítico. Nuestro enfoque.

La inmediatez de querer saber algo provoca que no filtremos correctamente lo que nos están diciendo y por afanes de estar actualizado no nos enfocamos.

Parece algo simple: leer un periódico. Pero conlleva mucho trasfondo: enfoque, concentración, lucidez, paz. Un freno ante un mundo revuelto.

No es una defensa para que vuelva una dinámica que considero ha caducado. Pero si una determinación para recuperar un poco el control de nosotros. Necesitamos una pausa

Incluso para algo tan simple como leer las noticias y estar actualizado con nuestro alrededor.

Un día, no habrá más “norteeeee, norteeeee” en la calle. Sólo un eco en la memoria, de tiempos más tranquilos. Espero sepamos propiciarla nosotros mismos para entonces.

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Terminando de almorzar con mi familia un domingo, escucho un grito lejano y amortiguado: “norteeeee, norteeeee”. Pasa caminando un vendedor cargando, a lo mucho, 5 periódicos. Inevitable vienen a mi memoria recuerdos de la niñez, estando en la cochera jugando en casa de mis padres y escuchar el mismo sonido: “norteeeee, norteeeee” mientras pasa igualmente un vendedor, pero en un triciclo cargando centenares de periódicos. (En Monterrey uno de los periódicos más famosos y vendidos se llama “El Norte”)

Sentí algo de tristeza por el señor. Es evidente que es su trabajo y le pagan, desconozco si recibe comisión por periódico vendido, pero no quita lo desolador al verlo caminar por las calles gritando en busca de alguna interacción, pasando los días prácticamente ignorado. 

El mundo de hoy ha cambiado en gran medida a cuando nació el periódico. Ha cambiado muchísimo incluso en los últimos 20 años. El consumo de noticias pasó de medios impresos a medios televisivos a medios de internet. De repente ya no es un compendio de las noticias de la semana lo que busca la gente, sino una actualización instantánea casi constante. Si tu noticia sale un día después del hecho las probabilidades de que tu medio nazca muerto son enormes.


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En el cine, en libros y series, no es raro todavía ver que la lectura del periódico es parte de la rutina de las familias. Creo que conforme pasa el tiempo, va cambiando la percepción que tenemos del hecho en sí. Lo vemos con nostalgia y cariño cuando era algo -que al menos para mí- era aburrido y casi tedioso. Los años muchas veces transforman nuestros recuerdos dulcificando con la melancolía lo que no tenía mucho significado en la vida.

Quien me conoce, sabe que me gusta la tecnología. El progreso. Avanzar siempre hacia delante usando los descubrimientos de ciencia e ingeniería. En este caso, la facilidad de comunicación, la rapidez de propagación, la disminución de recursos naturales y no renovables y la democratización del medio son sin duda una ganancia absoluta en las noticias. No hay debate en ello.

Pero también estamos perdiendo algo, que si ponemos atención, podemos recuperar. Perdemos nuestra atención. Nuestro criterio. Nuestro pensamiento crítico. Nuestro enfoque.

La inmediatez de querer saber algo provoca que no filtremos correctamente lo que nos están diciendo y por afanes de estar actualizado no nos enfocamos.

Parece algo simple: leer un periódico. Pero conlleva mucho trasfondo: enfoque, concentración, lucidez, paz. Un freno ante un mundo revuelto.

No es una defensa para que vuelva una dinámica que considero ha caducado. Pero si una determinación para recuperar un poco el control de nosotros. Necesitamos una pausa

Incluso para algo tan simple como leer las noticias y estar actualizado con nuestro alrededor.

Un día, no habrá más “norteeeee, norteeeee” en la calle. Sólo un eco en la memoria, de tiempos más tranquilos. Espero sepamos propiciarla nosotros mismos para entonces.

Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.