Le doy:

Este libro lo elegí para la dinámica de Marzo en el Bókaflóð en el que la temática de la lectura era referente a la naturaleza y tenía desde hace un tiempo ese libro ahí esperando así que era el momento perfecto.
Confieso que no fue fácil al inicio. Creo que la manera en que el autor relata al inicio no fluye como lo hace de la mitad en delante. Se siente como si fuera agarrando ritmo conforme lo fue escribiendo. No es algo grave, pero si me frenó un poco para avanzar. Aunque, ¿quién sabe? Tal vez es una alegoría a la conducta herbal, un ritmo más pausado para comunicar.
Sin embargo, conforme avanza el libro va mejorando la narrativa, se va sintiendo mejor al avanzar los capítulos, aunque a veces repite un poco de lo mismo al explicar las diferentes problemáticas que afrontan los árboles y las plantas en general.
Aún con un inicio medio “difícil”, los temas que trata me interesan y creo que son excelentes para reflejar algo muy importante: ¿a qué tanto conocimiento nos estamos limitando por pensar como seres humanos? Me refiero a que, siendo obvio que tenemos que pensar así porque eso somos, “nuestra realidad” no es la realidad de todos.
La manera en que percibimos el mundo está condicionada por nuestro entorno, nuestra cultura, nuestro conocimiento y nuestra capacidad de reflexión e introspección. Pero aún más allá de eso, más intrínseco todavía, es el hecho de que tenemos predeterminado por nuestra genética ciertos aspectos más intangibles como la percepción del tiempo y el espacio, el análisis de formas y la asimilación de eventos, entre otras cosas.

¿Te has preguntado alguna vez porque las palomas parecen esquivar hasta el último minuto los vehículos? Bueno, es porque para nosotros parece el último instante pero se ha descubierto que ellas procesan el entorno más rápido. Entonces para ellas va más lento el vehículo y realmente tenían más margen de maniobra.
Un cheeta en persecución procesa mucho más rápido su entorno que nosotros. Y así como estos animales son capaces de “distorsionar el tiempo”, también sucede al revés.
Un ser como un árbol que está quieto y que puede vivir miles de años no va a procesar a la misma velocidad las cosas que un cheeta o una paloma. La velocidad pura no le sirve, no se puede mover prácticamente.
Entonces, ¿y si sus conversaciones en lugar de minutos duraran días? ¿Si en lugar de gritos que viajan a la velocidad del sonido, usarán otro tipo de señales? ¿Alguna química moviéndose entre las raíces? Y que sus mensajes no importase si duran días, porque tienen tiempo de sobra.
El libro plantea en parte estas cuestiones, hechos que nos habían pasado desapercibidos por el simple hecho de que nos son muy ajenos por pensar como humanos y no como árboles.

La obra explica lo que el autor ha podido ir descifrando y experimentando y un poco de los avances científicos para saber que sí, los árboles mantienen algo parecido a conversaciones. “Educan” en el crecimiento a los más jóvenes y aprenden cuando deben vivir en simbiosis con otros seres alrededor. Un ejemplo claro de esto es cuando los árboles germinan cerca de otros de la misma especie pero más viejos, crecen a un ritmo muy diferente.
En ocasiones esto se debe simplemente a factores del entorno. Si el bosque deja pasar poca luz, el recién “nacido” no puede crecer mucho, le hace falta energía. Sin embargo, está contemplado esto en su proceso de vida. Las raíces y su wood wide web comunican que se le debe nutrir para que no muera proveyendo incluso nutrientes que no están a su alcance, para que esté listo al momento en que caiga un árbol por vejez y entre luz, pueda crecer y tomar su lugar.
Otro ejemplo que da el libro es de cuando los microclimas modifican el comportamiento de los árboles y menciona una sección del bosque que está cerca de un acantilado y un río. Los que germinan cerca del río crecen en un entorno con agua a su disposición mientras que los que crecen cerca del acantilado no. Cuando llega una sequía al lugar y el río se seca, los árboles cercanos es muy probable que mueran debido a que han crecido acostumbrados a este “ritmo de vida” mientras que los del acantilado sufrirán, sí, pero sobrevivirán. Aún siendo de la misma especie.

Cuenta muchos más detalles tanto del bosque como de la ciudad como de las plantas en macetas y al menos para mí, termina cambiando la perspectiva: hay una dinámica silenciosa allá afuera que nos estamos perdiendo. Un saber y una interacción a la que no hemos podido acceder ni darnos cuenta simplemente porque somos muy diferentes.
Tal vez Tolkien no iba tan errado cuando en su saga de “El Señor de los Anillos” hizo a los Ents de su manera tan peculiar. La vida en todas sus formas es asombrosa y llena de sorpresas.
Le doy un 4.5 al libro por ese pequeño detalle de su inicio difícil y lo recomiendo ampliamente para todas aquellas personas interesadas en el mundo natural, curiosas o que tengan y/o les interesen árboles y plantas.
Le doy:

Este libro lo elegí para la dinámica de Marzo en el Bókaflóð en el que la temática de la lectura era referente a la naturaleza y tenía desde hace un tiempo ese libro ahí esperando así que era el momento perfecto.
Confieso que no fue fácil al inicio. Creo que la manera en que el autor relata al inicio no fluye como lo hace de la mitad en delante. Se siente como si fuera agarrando ritmo conforme lo fue escribiendo. No es algo grave, pero si me frenó un poco para avanzar. Aunque, ¿quién sabe? Tal vez es una alegoría a la conducta herbal, un ritmo más pausado para comunicar.
Sin embargo, conforme avanza el libro va mejorando la narrativa, se va sintiendo mejor al avanzar los capítulos, aunque a veces repite un poco de lo mismo al explicar las diferentes problemáticas que afrontan los árboles y las plantas en general.
Aún con un inicio medio “difícil”, los temas que trata me interesan y creo que son excelentes para reflejar algo muy importante: ¿a qué tanto conocimiento nos estamos limitando por pensar como seres humanos? Me refiero a que, siendo obvio que tenemos que pensar así porque eso somos, “nuestra realidad” no es la realidad de todos.
La manera en que percibimos el mundo está condicionada por nuestro entorno, nuestra cultura, nuestro conocimiento y nuestra capacidad de reflexión e introspección. Pero aún más allá de eso, más intrínseco todavía, es el hecho de que tenemos predeterminado por nuestra genética ciertos aspectos más intangibles como la percepción del tiempo y el espacio, el análisis de formas y la asimilación de eventos, entre otras cosas.

¿Te has preguntado alguna vez porque las palomas parecen esquivar hasta el último minuto los vehículos? Bueno, es porque para nosotros parece el último instante pero se ha descubierto que ellas procesan el entorno más rápido. Entonces para ellas va más lento el vehículo y realmente tenían más margen de maniobra.
Un cheeta en persecución procesa mucho más rápido su entorno que nosotros. Y así como estos animales son capaces de “distorsionar el tiempo”, también sucede al revés.
Un ser como un árbol que está quieto y que puede vivir miles de años no va a procesar a la misma velocidad las cosas que un cheeta o una paloma. La velocidad pura no le sirve, no se puede mover prácticamente.
Entonces, ¿y si sus conversaciones en lugar de minutos duraran días? ¿Si en lugar de gritos que viajan a la velocidad del sonido, usarán otro tipo de señales? ¿Alguna química moviéndose entre las raíces? Y que sus mensajes no importase si duran días, porque tienen tiempo de sobra.
El libro plantea en parte estas cuestiones, hechos que nos habían pasado desapercibidos por el simple hecho de que nos son muy ajenos por pensar como humanos y no como árboles.

La obra explica lo que el autor ha podido ir descifrando y experimentando y un poco de los avances científicos para saber que sí, los árboles mantienen algo parecido a conversaciones. “Educan” en el crecimiento a los más jóvenes y aprenden cuando deben vivir en simbiosis con otros seres alrededor. Un ejemplo claro de esto es cuando los árboles germinan cerca de otros de la misma especie pero más viejos, crecen a un ritmo muy diferente.
En ocasiones esto se debe simplemente a factores del entorno. Si el bosque deja pasar poca luz, el recién “nacido” no puede crecer mucho, le hace falta energía. Sin embargo, está contemplado esto en su proceso de vida. Las raíces y su wood wide web comunican que se le debe nutrir para que no muera proveyendo incluso nutrientes que no están a su alcance, para que esté listo al momento en que caiga un árbol por vejez y entre luz, pueda crecer y tomar su lugar.
Otro ejemplo que da el libro es de cuando los microclimas modifican el comportamiento de los árboles y menciona una sección del bosque que está cerca de un acantilado y un río. Los que germinan cerca del río crecen en un entorno con agua a su disposición mientras que los que crecen cerca del acantilado no. Cuando llega una sequía al lugar y el río se seca, los árboles cercanos es muy probable que mueran debido a que han crecido acostumbrados a este “ritmo de vida” mientras que los del acantilado sufrirán, sí, pero sobrevivirán. Aún siendo de la misma especie.

Cuenta muchos más detalles tanto del bosque como de la ciudad como de las plantas en macetas y al menos para mí, termina cambiando la perspectiva: hay una dinámica silenciosa allá afuera que nos estamos perdiendo. Un saber y una interacción a la que no hemos podido acceder ni darnos cuenta simplemente porque somos muy diferentes.
Tal vez Tolkien no iba tan errado cuando en su saga de “El Señor de los Anillos” hizo a los Ents de su manera tan peculiar. La vida en todas sus formas es asombrosa y llena de sorpresas.
Le doy un 4.5 al libro por ese pequeño detalle de su inicio difícil y lo recomiendo ampliamente para todas aquellas personas interesadas en el mundo natural, curiosas o que tengan y/o les interesen árboles y plantas.

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.
