
Yo la verdad no sé si así sea en todas partes, pero al menos aquí esta historia es muy común. Sin embargo, no me había tocado vivirla en primera persona. Cuando llegaba a un lugar de trabajo, por obvias razones solía ser yo el nuevo y todo estaba ya en su status quo. O si llegaba alguien, era en otro departamento u otro lugar y no veía la evolución.
Pero ahora me tocó a mi en primera persona, porque dio la casualidad que entró alguien más conmigo el mismo día a la misma empresa y que le tocó sentarse a un lado mío. Situación que ya había pasado en otro trabajo, pero en ese no se dio el desenlace que hoy les traigo, afortunadamente. Y es que a pesar que digo que es común esta situación, yo hago lo posible por huir de ella, aunque todos me digan que soy un maldito marica o que no podré eludirlo por siempre. Déjenme ser hippie o chairo o como quieran llamarlo.
El chiste es que, a veces no nos damos cuenta que tan metidos estamos en donde estamos porque nos hemos acostumbrado a los factores que nos rodean.
Antes de continuar, quiero recordar que es mi opinión. He visto que este tema suele tocar fibras sensibles en las personas y es natural: a los que no les gusta la situación no quieren que se las recuerden y a los que les gusta no quieren que les digan que está mal. Pero como mi boca dice mis palabras y mis palabras son mías, pues se joden y las digo. Pero si se ofenden no es mi problema.
Bueno, lo que quiero decir es que bajo mi perspectiva, el mundo actual goza de una infraestructura y una dinámica que podría permitir de manera holgada una reducción de la jornada laboral bastante significativa y no verse afectada la producción en casi todos los rubros laborales. No en todos lados se puede pero si en muchos, no se aplica en casi ninguno y tengo la fortuna de estar en el sector tecnológico que ha sido punta de lanza para muchos de estos cambios. Lamentablemente, también tengo la fortuna de estar en México, en Monterrey donde está marcada a fuego la sapiencia popular de que hay que chingarle duro y bonito porque si no eres un huevón.
Discúlpame, Sísifo moderno, por no querer estar de pendejo haciendo lo mismo si puedo arreglármelas para terminarlo en un pedo.
Volviendo a la historia, cuando entramos mi compañero y yo, todo era miel sobre rosas, ya saben: tú entras a tu hora y sales a tu hora -nos decían-, no queremos que estén aquí nada más porque sí. Somos flexibles, si llegan a requerir alguna salida o alguna ausencia, pueden comentarlo, etc.
Encantados nosotros, -pobres imbéciles… bueno, el más que yo- porque no sabíamos lo que nos tocaría después.
Todo sea dicho, al principio así fue, pero nos habían contratado por un proyecto nuevo en la empresa, faltaban 6 meses para la instalación oficial con el cliente y todo parecía indicar que vendrían tiempos difíciles. No había problema, pensábamos, ya tendríamos chance de lucirnos y foguearnos ante la adversidad y ser retribuidos por nuestras labores de manera triunfal.
JA, está cabrón ser tan inocente, porque duele más cuando la clavan.
El pobre de mi compañero empezó a quedarse más tarde que yo. Yo salía más tarde de lo normal porque agarraba más tiempo de comida -dentro de los límites- para poder ir a entrenar. Entonces el siempre salía más temprano, pero pasando los días ya no.
Entonces me tocó a mi hacer guardia y me quedé aún más tarde durante esa semana y veía que mi compañero también. Y yo me iba y el seguía ahí, sin indicios de que pronto se fuera a ir.
Así que el viernes decidí averiguar que pasaba.
-Ya media hora más y nos vamos, prro.- Le dije
-Tú, tal vez. Yo aquí le voy a seguir.
-A chinga, ¿hasta que hora le vas a dar?
-No sé, ayer salí a las 11, yo creo que hoy también.
-¿Qué? ¿Hasta las 11?
-Si we, y el miércoles a las 12.
-ALV. ¿Y a qué hora entras? Yo cuando llego ya estás bien acomodado.
-Estoy entrando a las 7.
Estuve tentado de meterle un sape bien dado, pero no quise entristecer más la escena. Proseguí preguntando si se lo compensaban y para desgracia de la historia me dijo que no, pero que había promesa de que tal vez cuando terminara la instalación les devolvían algo. Ah bueno, al menos tenía una garantía, pero no porque luego me dijo que todos decían que era muy probable que no hubiera nada.
Damn. Yo le dije que no se dejara y que se diera a respetar y que valorara su tiempo también, porque allá afuera tenía una vida que continuaba, a lo que solamente me devolvió una sonrisa triste e impotente.
Aquí probablemente unos de ustedes piensen: pero es que así es esto, Diego, no le veo lo malo. Te avientas la chinga y se acabó, o te vas a quedar en la calle. Además, en casi ningún lugar pagan las horas extra, así que no es tan raro.
Y otros de ustedes dirán: ahhh, cmarnat, pobre morro, que se vaya alv
Y yo, sin ser científico, diré que al César lo que es del César y al que le guste trabajar de a gratis, lo haga y se acabó y al que no, pues no.
Pero desde mi ideología, para mi es denigrante que te empleen más de 8 horas sin retribución extra, porque estamos volviendo a jornadas laborales que se vencieron hace más de 100 años.
Y es que hablando con los que tienen más tiempo aquí, estas situaciones son bastantes comunes. Quiero decir, tal vez existan situaciones donde se requiera el apoyo y por azar del destino, el proyecto se cae o se mal paga o etcétera y no hay capacidad de retribución. Está bien, no hay pedo, la perdonas. Pero cuando se hace norma es el problema, ese es el problema de México.
Que si tiene o no vida allá afuera que seguir, ya sabrá él que hace, no es una solución, pues no acalla el problema: la explotación.
Ya lleva unos meses así, se ve que hace su jale y acata las órdenes. La verdad, es un buen empleado, tal vez demasiado bueno en un mundo de malos empleadores.
Le servirá de experiencia, sin duda. Todos se escudarán en esto, pero olvidan algo muy importante:
No es necesario quemarnos para aprender a respetar al fuego. Ni de ahogarnos, ni de lastimarnos ni de nada para aprender las lecciones necesarias. Se puede hacer de mejor manera.
Debemos pedir respeto por lo que somos, por lo que hacemos y por lo que queremos ser.
Yo no estoy en su situación, pero he tenido más problemas y es que yo no me callo y alzo la voz cuando algo no me parece. Aquí está mal visto. Te resta puntos. Te crea mala imagen.
Ni modo, yo soy como el Equipo Rocket, siempre preparado para los problemas.
Problemas que no existen cuando hay empatía y justicia para con las personas de tu alrededor.
Comparte esta publicación

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.
