No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero aquí estamos realmente ambos. Desde hace mucho escribo, pero hoy no contaré como inicio todo, simplemente lo digo porque conforme han pasado los años la poesía ha ido resbalándose de mis manos y cuando la busco, no la encuentro. Tal vez ya sabían, muy probablemente no, y aunque mis escritos perduran, a veces no lo hago yo.
Pero… a veces, cuando me gana el sentimiento, todavía saco al poeta escondido. Aunque no esté bien vestido, aunque no sepa que hace. Así lidio con mis emociones y sentimientos. Así lidio hoy.
Nocturna
Suena, sin tu saberlo
un eco de tu voz en el viento.
Lo busco en mis noches de desvelo,
cuando estoy solo y no te encuentro.
Mientras llueve luz estelar,
imagino el brillo de tus oscuros ojos
y tu suave contoneo al caminar…
Me calmo. Me siento. Me acongojo.
Y cierro los ojos; suave brisa que me rodea,
yo sé que estás cerca aunque no te vea.
El amor no entiende de distancias,
aunque a veces, travieso, se aleja…
Sólo para regresar más bravío,
más lleno, más niño.
¡Ah, si yo fuese niño todavía!
Saltaría de emoción, querida mía,
al verte regresar, con abrazos perdidos,
cargada de besos furtivos.
Llena de los “te amo” que no dije…
Llena de luz, de risa y alebrije.
Suena, sin tu saberlo
un eco de tu voz en el viento,
que me cobija en mis noches de desconsuelo.
Amor mío, tú estás lejos y yo sólo espero.
Por ti espero eternidades enteras,
sentado, solo, en la noche… como un niño.
Comparte esta publicación

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.