El sendero que me recorre

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¿Fuiste a tu primer hike este fin de semana que pasó? ¿Usaste mis recomendaciones? Me gusta pensar que sí. Y si no, estás a punto de hacerlo. Pero hoy quiero hablar de algo que no he visto que hablen, pero que para mí, es uno de los puntos más fuertes del hike: lo que el sendero nos cambia a nosotros.

Tal vez te sonará trillado si te digo que puede ser la experiencia de tu vida. Tal vez es una exageración, sin duda. Pero no dudes cuando te digo que hay un antes y un después al finalizar tu primer recorrido en la naturaleza pura.

Hay tal vez aspectos que sean obvios. La tenacidad de completar tu recorrido. La perseverancia del camino. El demostrar que pudiste. Todos son logros que nos marcan

Pero como un eco silencioso hay un remanente…


Memorias

Un día te levantas y antes de enfrascarte en tu rutina, volteas y ves los zapatos del hike. Revives el entorno. De repente te pones más erguido. El día es diferente.

O vas rumbo a algún lado y en el horizonte ves la montaña que subiste. Una parte de ti no lo cree. ¿Realmente subí eso? Claro, tienes fotos. Muy probablemente no fuiste solo, así que tienes testigos. Y te empoderas porque recuerdas de lo que fuiste capaz. De lo que eres capaz

La vida actual de la gran mayoría de personas está alejada de las rutinas naturales donde el ser humano se desarrolló. Podremos estar realmente agusto con el clima encendido, el vehículo que nos transporta y la comida emplasticada, pero nuestro cuerpo y nuestra mente claman más que este ambiente alienígena y desconocido.


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Reconexión natural

Dejamos atrás el “scroll”  infinito para recorrer con la mirada paisajes. Que el ruido de las notificaciones sea reemplazado por el viento y su rugir. Sentir como despierta cuerpo y mente de un letargo rutinario. De repente, se enciende la vida y entiendes porque el fuego se asocia tanto al despertar.

Reconectamos con el ambiente donde crecimos. Donde pasamos la infancia de la humanidad, genera un efecto profundo en nosotros. Es como decirle al cuerpo y a la mente: ¡recuerda de lo que somos capaces!

El hike no es algo que únicamente sucede en la naturaleza mientras recorremos los paisajes y las montañas. Es algo que sucede día a día a partir de entonces, se convierte en parte de nosotros al habernos cambiado. Es fuente de inspiración, aprendizaje y buenos recuerdos. Una inversión que retorna e inspira.


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Escalas y perspectiva

En la cima todo es diferente. La ciudad empequeñece y con ella gran parte de nuestros problemas y desgracias. Pero a su vez, vemos y sentimos que somos parte de algo aún mayor, gigante así como la montaña tenemos los sentimientos recorriéndonos. 

Es en esa lejanía donde de repente se hace un silencio… No, no se queda quieto el mundo, pero parece. Llega ese punto donde mirando al horizonte, nuestros pensamientos se bifurcan y fantasean. Mientras nuestro enfoque filtra al mundo exterior y sólo queda el sonido de la respiración, la sensación del sudor en la piel y el dejo de victoria en nuestras manos.

La certeza de que la vida, tal vez, tiene mucho más que ofrecer que sólo 4 paredes y calles de concreto. Y mientras desciendes la montaña es como ir recolectando fragmentos que dejaste atrás, listos para contar nuevas historias.

Y es en esas memorias donde nos damos cuenta que no somos solamente nosotros los que recorremos el sendero, sino el sendero nos recorre también, ayudándonos a entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

La siguiente vez que sientas curiosidad del sendero, no la ignores. Tal vez es un nuevo y emocionante camino abriéndose en ti. El principio de un futuro mejor. Más libre y más natural.


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¿Fuiste a tu primer hike este fin de semana que pasó? ¿Usaste mis recomendaciones? Me gusta pensar que sí. Y si no, estás a punto de hacerlo. Pero hoy quiero hablar de algo que no he visto que hablen, pero que para mí, es uno de los puntos más fuertes del hike: lo que el sendero nos cambia a nosotros.

Tal vez te sonará trillado si te digo que puede ser la experiencia de tu vida. Tal vez es una exageración, sin duda. Pero no dudes cuando te digo que hay un antes y un después al finalizar tu primer recorrido en la naturaleza pura.

Hay tal vez aspectos que sean obvios. La tenacidad de completar tu recorrido. La perseverancia del camino. El demostrar que pudiste. Todos son logros que nos marcan

Pero como un eco silencioso hay un remanente…


Memorias

Un día te levantas y antes de enfrascarte en tu rutina, volteas y ves los zapatos del hike. Revives el entorno. De repente te pones más erguido. El día es diferente.

O vas rumbo a algún lado y en el horizonte ves la montaña que subiste. Una parte de ti no lo cree. ¿Realmente subí eso? Claro, tienes fotos. Muy probablemente no fuiste solo, así que tienes testigos. Y te empoderas porque recuerdas de lo que fuiste capaz. De lo que eres capaz

La vida actual de la gran mayoría de personas está alejada de las rutinas naturales donde el ser humano se desarrolló. Podremos estar realmente agusto con el clima encendido, el vehículo que nos transporta y la comida emplasticada, pero nuestro cuerpo y nuestra mente claman más que este ambiente alienígena y desconocido.


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Reconexión natural

Dejamos atrás el “scroll”  infinito para recorrer con la mirada paisajes. Que el ruido de las notificaciones sea reemplazado por el viento y su rugir. Sentir como despierta cuerpo y mente de un letargo rutinario. De repente, se enciende la vida y entiendes porque el fuego se asocia tanto al despertar.

Reconectamos con el ambiente donde crecimos. Donde pasamos la infancia de la humanidad, genera un efecto profundo en nosotros. Es como decirle al cuerpo y a la mente: ¡recuerda de lo que somos capaces!

El hike no es algo que únicamente sucede en la naturaleza mientras recorremos los paisajes y las montañas. Es algo que sucede día a día a partir de entonces, se convierte en parte de nosotros al habernos cambiado. Es fuente de inspiración, aprendizaje y buenos recuerdos. Una inversión que retorna e inspira.


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Escalas y perspectiva

En la cima todo es diferente. La ciudad empequeñece y con ella gran parte de nuestros problemas y desgracias. Pero a su vez, vemos y sentimos que somos parte de algo aún mayor, gigante así como la montaña tenemos los sentimientos recorriéndonos. 

Es en esa lejanía donde de repente se hace un silencio… No, no se queda quieto el mundo, pero parece. Llega ese punto donde mirando al horizonte, nuestros pensamientos se bifurcan y fantasean. Mientras nuestro enfoque filtra al mundo exterior y sólo queda el sonido de la respiración, la sensación del sudor en la piel y el dejo de victoria en nuestras manos.

La certeza de que la vida, tal vez, tiene mucho más que ofrecer que sólo 4 paredes y calles de concreto. Y mientras desciendes la montaña es como ir recolectando fragmentos que dejaste atrás, listos para contar nuevas historias.

Y es en esas memorias donde nos damos cuenta que no somos solamente nosotros los que recorremos el sendero, sino el sendero nos recorre también, ayudándonos a entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

La siguiente vez que sientas curiosidad del sendero, no la ignores. Tal vez es un nuevo y emocionante camino abriéndose en ti. El principio de un futuro mejor. Más libre y más natural.


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Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.