
Es curioso cómo algunas cosas terminan funcionando. Es de sobra conocido que me gusta escribir. No solamente lo disfruto en el sentido del placer puro, sino intelectualmente y emocionalmente. Descubro más cosas de mí y término en más paz después de escribir algo. Y aunque me alejé un tiempo del hábito, pueden ver que aquí estoy de vuelta.
Pero había una asignatura pendiente. Siempre quise escribir durante los viajes. No puedo decir exactamente donde nació en mí la inquietud de hacerlo, ni el porqué. Pero desde que recuerdo he querido hacerlo.
Y es que es incuestionable que viajar es mágico, cuando se hace con atención. Viajar nos transforma, literalmente. Un entorno nuevo y experiencias nuevas provocan pensamientos y sentimientos nuevos. Mientras estamos viajando nuestra persona se va reestructurando. Es lo más cercano que tiene el ser humano a la metamorfosis: emergemos del capullo-viaje como un ser nuevo.
Y he ahí gran parte de mis ganas. Detallar el flujo de pensamientos mientras nos transformamos creo que es algo increíble. Recomiendo intentarlo si no lo han hecho ya.

Previamente había intentado con algunas libretas estilo Moleskine. Esas pequeñas y negras -en su mayoría, aunque hay de colores ya- que tienen un elástico que ayuda a mantenerlas cerradas. Lo intenté pero no sé. Algo no terminaba de encajar. Creo que era el tamaño, aunque no estoy seguro.
Hasta que en un viaje del año pasado, mientras visitábamos una librería vi una pequeña libreta expresamente hecha con los viajes en mente. Fui víctima del diseño. Me gustó y decidí que era un excelente pretexto para volverlo a intentar. Así que la compré.
Les decía en el post de porque tu maleta necesita un libro que en los viajes siempre hay tiempo muerto. Entiendo que todo esto sea una inquietud, me la han dicho. “¿No prefieres disfrutar del viaje antes que ponerte a leer o escribir? Eso lo puedes hacer regresando.” Es un resumen de distintos comentarios que me han expresado.
Claro, viajar para mi es poner atención. Ver los nuevos entornos. Las personas. La naturaleza. Los animales. Cómo interactúan entre la sociedad y con lo demás. Qué hay de nuevo y de viejo. De familiar y desconocido. Y aún así, claro que hay tiempo para todo. Bueno, por supuesto puede haber excepciones, pero regularmente lo hay.

Sobra decir que es un hábito que pude al fin mantener. No sé si fue la libreta, la mentalidad o el hecho de suplementarme bien -les traeré otro post sobre más detalles de esto, pero es importante- pero lo logré. Y Diarios del Viajero nace precisamente para poder compartir con ustedes al respecto.
Todo esto no es más que para dar un trasfondo a esta nueva sección del blog. Donde compartiré sobre lo que escribí durante mis viajes, acompañados en lo posible por fotos y videos del momento. Y algunas veces reflexiones y extensiones más a detalle realizadas ya desde la comodidad del hogar.
Empaticen conmigo. Transporten sus mentes a otro lugar. Y viajemos juntos.

Es curioso cómo algunas cosas terminan funcionando. Es de sobra conocido que me gusta escribir. No solamente lo disfruto en el sentido del placer puro, sino intelectualmente y emocionalmente. Descubro más cosas de mí y término en más paz después de escribir algo. Y aunque me alejé un tiempo del hábito, pueden ver que aquí estoy de vuelta.
Pero había una asignatura pendiente. Siempre quise escribir durante los viajes. No puedo decir exactamente donde nació en mí la inquietud de hacerlo, ni el porqué. Pero desde que recuerdo he querido hacerlo.
Y es que es incuestionable que viajar es mágico, cuando se hace con atención. Viajar nos transforma, literalmente. Un entorno nuevo y experiencias nuevas provocan pensamientos y sentimientos nuevos. Mientras estamos viajando nuestra persona se va reestructurando. Es lo más cercano que tiene el ser humano a la metamorfosis: emergemos del capullo-viaje como un ser nuevo.
Y he ahí gran parte de mis ganas. Detallar el flujo de pensamientos mientras nos transformamos creo que es algo increíble. Recomiendo intentarlo si no lo han hecho ya.

Previamente había intentado con algunas libretas estilo Moleskine. Esas pequeñas y negras -en su mayoría, aunque hay de colores ya- que tienen un elástico que ayuda a mantenerlas cerradas. Lo intenté pero no sé. Algo no terminaba de encajar. Creo que era el tamaño, aunque no estoy seguro.
Hasta que en un viaje del año pasado, mientras visitábamos una librería vi una pequeña libreta expresamente hecha con los viajes en mente. Fui víctima del diseño. Me gustó y decidí que era un excelente pretexto para volverlo a intentar. Así que la compré.
Les decía en el post de porque tu maleta necesita un libro que en los viajes siempre hay tiempo muerto. Entiendo que todo esto sea una inquietud, me la han dicho. “¿No prefieres disfrutar del viaje antes que ponerte a leer o escribir? Eso lo puedes hacer regresando.” Es un resumen de distintos comentarios que me han expresado.
Claro, viajar para mi es poner atención. Ver los nuevos entornos. Las personas. La naturaleza. Los animales. Cómo interactúan entre la sociedad y con lo demás. Qué hay de nuevo y de viejo. De familiar y desconocido. Y aún así, claro que hay tiempo para todo. Bueno, por supuesto puede haber excepciones, pero regularmente lo hay.

Sobra decir que es un hábito que pude al fin mantener. No sé si fue la libreta, la mentalidad o el hecho de suplementarme bien -les traeré otro post sobre más detalles de esto, pero es importante- pero lo logré. Y Diarios del Viajero nace precisamente para poder compartir con ustedes al respecto.
Todo esto no es más que para dar un trasfondo a esta nueva sección del blog. Donde compartiré sobre lo que escribí durante mis viajes, acompañados en lo posible por fotos y videos del momento. Y algunas veces reflexiones y extensiones más a detalle realizadas ya desde la comodidad del hogar.
Empaticen conmigo. Transporten sus mentes a otro lugar. Y viajemos juntos.

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.
