¡Seguimos poniéndonos al día con los Viernes de Bichos! Y hoy vamos a hablar de una vieja conocida, una de las primeras imágenes que se nos vienen a la mente cuando pensamos en insectos trabajadores y en la dulzura de la naturaleza: la Abeja Melífera (Apis mellifera). Esta publicación corresponde a una observación que hice el pasado 9 de mayo de 2025, cuando el jardín estaba en plena primavera y estas pequeñas zumbaban sin cesar.
Aunque honestamente, todavía lo hacen.
La Gran Trabajadora del Jardín
La abeja melífera, también conocida como abeja europea o doméstica, es sin duda el polinizador más famoso del mundo. Con un tamaño que varía entre los 6 y 14 mm, estas abejas son unas visitantes incansables de nuestros jardines. Su dieta consiste exclusivamente en néctar, que les proporciona energía, y polen, su fuente de proteínas.
En mi observación personal, noté cómo una de ellas visitaba una amapola rosa, aunque donde más intensas están es en las durantas de la cochera.
Estaba tan cubierta de polen que parecía llevar unas "polainas" amarillas en sus patas traseras. Este es uno de sus rasgos más fascinantes. Las abejas melíferas tienen en sus patas posteriores unas estructuras especializadas llamadas corbículas o, más coloquialmente, "cestas de polen". Ahí van compactando los granos de polen que recogen de las flores hasta formar esas bolitas que transportan de vuelta a su colmena para alimentar a la colonia.
¿Pican o no pican? Aclarando la confusión
En mi historia en Instagram, mencionaba que estas abejas me parecían meliponas porque no les veía aguijón y nunca he sufrido una picadura de ellas. Esta es una confusión muy común. Las abejas que veneraban los mayas y que no tienen aguijón son, efectivamente, las abejas meliponas o abejas sin aguijón, que son nativas de América.
La abeja melífera (Apis mellifera), la protagonista de hoy, sí tiene aguijón, pero sólo las hembras (obreras y reina). Sin embargo, son mucho menos agresivas de lo que se piensa. Generalmente, una abeja obrera solo picará si se siente amenazada o si su colmena está en peligro, ya que al picar, su aguijón se desprende y ella muere poco después. Si las observamos con calma y sin hacer movimientos bruscos, podemos disfrutar de su incansable labor sin ningún riesgo.
Dato curioso
La abeja melífera no es nativa de nuestro continente. Fue introducida en América por los colonizadores europeos a partir del siglo XVII. Su increíble capacidad para producir miel la convirtió en el pilar de la apicultura a nivel mundial. Sin embargo, su éxito tiene una doble cara: al ser tan eficiente recolectando recursos, su presencia puede generar una fuerte competencia por el alimento con las miles de especies de abejas nativas, afectando el equilibrio de los ecosistemas locales.
Así que la próxima vez que veas a una de estas maravillosas "polainudas" trabajando en tu jardín, recuerda que no solo estás viendo a una productora de miel, sino a un miembro de una especie introducida que ha cambiado la historia de la agricultura y la ecología de nuestro continente y el mundo.
¡Seguimos poniéndonos al día con los Viernes de Bichos! Y hoy vamos a hablar de una vieja conocida, una de las primeras imágenes que se nos vienen a la mente cuando pensamos en insectos trabajadores y en la dulzura de la naturaleza: la Abeja Melífera (Apis mellifera). Esta publicación corresponde a una observación que hice el pasado 9 de mayo de 2025, cuando el jardín estaba en plena primavera y estas pequeñas zumbaban sin cesar.
Aunque honestamente, todavía lo hacen.
La Gran Trabajadora del Jardín
La abeja melífera, también conocida como abeja europea o doméstica, es sin duda el polinizador más famoso del mundo. Con un tamaño que varía entre los 6 y 14 mm, estas abejas son unas visitantes incansables de nuestros jardines. Su dieta consiste exclusivamente en néctar, que les proporciona energía, y polen, su fuente de proteínas.
En mi observación personal, noté cómo una de ellas visitaba una amapola rosa, aunque donde más intensas están es en las durantas de la cochera.
Estaba tan cubierta de polen que parecía llevar unas "polainas" amarillas en sus patas traseras. Este es uno de sus rasgos más fascinantes. Las abejas melíferas tienen en sus patas posteriores unas estructuras especializadas llamadas corbículas o, más coloquialmente, "cestas de polen". Ahí van compactando los granos de polen que recogen de las flores hasta formar esas bolitas que transportan de vuelta a su colmena para alimentar a la colonia.
¿Pican o no pican? Aclarando la confusión
En mi historia en Instagram, mencionaba que estas abejas me parecían meliponas porque no les veía aguijón y nunca he sufrido una picadura de ellas. Esta es una confusión muy común. Las abejas que veneraban los mayas y que no tienen aguijón son, efectivamente, las abejas meliponas o abejas sin aguijón, que son nativas de América.
La abeja melífera (Apis mellifera), la protagonista de hoy, sí tiene aguijón, pero sólo las hembras (obreras y reina). Sin embargo, son mucho menos agresivas de lo que se piensa. Generalmente, una abeja obrera solo picará si se siente amenazada o si su colmena está en peligro, ya que al picar, su aguijón se desprende y ella muere poco después. Si las observamos con calma y sin hacer movimientos bruscos, podemos disfrutar de su incansable labor sin ningún riesgo.
Dato curioso
La abeja melífera no es nativa de nuestro continente. Fue introducida en América por los colonizadores europeos a partir del siglo XVII. Su increíble capacidad para producir miel la convirtió en el pilar de la apicultura a nivel mundial. Sin embargo, su éxito tiene una doble cara: al ser tan eficiente recolectando recursos, su presencia puede generar una fuerte competencia por el alimento con las miles de especies de abejas nativas, afectando el equilibrio de los ecosistemas locales.
Así que la próxima vez que veas a una de estas maravillosas "polainudas" trabajando en tu jardín, recuerda que no solo estás viendo a una productora de miel, sino a un miembro de una especie introducida que ha cambiado la historia de la agricultura y la ecología de nuestro continente y el mundo.

Diego Arquieta
Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.