Lamento -pero sólo un poquito- empezar un texto haciéndote buscar una palabra en el diccionario. Pero ahora que sabes que es apología podemos continuar.
Tal vez me sucede a mi, que pongo atención, regularmente, a cosas que otros no pondrían atención. O tal vez es mi memoria privilegiada que me permite recordar detalles nimios que dicen y hacen otros simios como tú y como yo. No sé que sea, pero he visto -más de lo que me gustaría- a personas menospreciar la lectura. Así, tal cual.
Decir cosas como:
Se creen mucho porque leyeron en lugar de ver la serie/película/show.
Como si un libro quitara lo ignorante.Alguien no muy lector
Un pendejo que leyó muchos libros, al final, es solo un pendejo que leyó muchos libros.Alguien no muy lector
Y muy probablemente me moleste porque soy un ávido lector. Sí, lo dije. ¿Y qué? No faltará el culero que diga: uy, se cree mucho con sus libritos aunque mi frase haya sido meramente descriptiva e imparcial. Porque me ha pasado. Da igual, no me molesta lo que me dicen, me molesta la ideología de infravalorar uno de los mayores logros de la humanidad.
La historia del hombre puede dividirse -y suele hacerse- en el punto exacto donde se desarrolló la escritura. Así es, si no lo sabías y te sorprende, la prehistoria es el período de tiempo en el que el hombre no sabía escribir y la historia es el período en el que sí.
Y si eso no te dice nada, puedes seguir los sucesos de la humanidad y encontrar que uno de sus más grandes hitos es la invención de la imprenta, que se usó y usa principalmente para multiplicar casi parasitariamente a los libros.
Y es que, para aquel que ha leído, sabe y siente lo demoledor y catártico que resulta leer. No sólo por placer, sino por educación, por crecimiento, por necesidad. Leer libera, literalmente Y si no me crees, puedes leer la historia de Frederick Douglass. Leer empodera. Leer transforma.
El libro es en si mismo una de las pocas creaciones de la mente para retroalimentarse y engrandecerse a sí misma.
Es una palanca intelectual.
Un libro es prueba de que los humanos somos capaces de hacer magiaCarl Sagan
Pero no me sorprende que en un país como México, situado penúltimo en un ranking de 108 países por la UNESCO, con un promedio de lectura de entre 3 a 4 libros por año sostenido por aproximadamente la mitad de la población, sea popular la opinión de que leer no sirve y el desprestigio continuado contra el lector.
Y a este pueblo pambolero aficionado de las pantallas y las historias digeridas, amante de las cifras que no entiende, debería preocuparle. En estas fechas no dejan de hablar de que deberíamos evitar ser como Venezuela y ser más “europeo”. Se les olvida que el alemán promedio lee 12 libros al año. O que Finlandia es el país que más libros lee al año. Se les olvida que las personas más ricas y exitosas del planeta leen a cascoporro: Warren Buffet, Bill Gates, Elon Musk, Jeff Bezos. ¿Qué? ¿No te importan los ricos e inteligentes actuales? Ahí tienes a Nikola Tesla, a Leonardo Davinci, a Von Neumann, Galileo Galilei, Maxwell, Carl Sagan, entre otros tantos, que leían y escribían.
No digo que sea la base de su éxito, pero algo muy importante tuvo que haber contribuido para que todos ellos y esas naciones le dediquen tanto espacio, tiempo e importancia a ese hábito tan menospreciado por nuestra nación azteca.
Alguien leyendo un libro es una señal de orden en el mundo.Mary Ruefle
Argumentan, tristes y pesimistas, que los libros no cambiarán la vida de nadie, a pesar de que la probabilidad de que pase es altísima. No es correcto que nosotros lectores despreciemos otras formas de arte, sin embargo, no es lo mismo expresar nuestro descontento cuando alguna adaptación no cumple con ciertos criterios. Es normal y no es que el libro sea superior, pero es diferente.
Es cierto que leer no tiene porque cambiar nada en nadie, pero lo propicia.
Haciendo una analogía, leer es a la mente lo que la comida al cuerpo. Si tú empiezas a comer sanono, no es de ley que mejore tu salud, pero propicias altamente que suceda. Así al leer: no es obligatorio que te haga mejor persona, pero lo propicias.
Puede ser que suceda al revés y te haga peor, pero la historia y la evidencia nos ha demostrado que esto ocurre en muchísima menor medida de lo que los rumores cuentan.
Carl Sagan decía que leer era mágico, y no le faltaba razón: leer te permite adentrarte en la mente de otra persona; te permite viajar por el tiempo al pasado y conocer exactamente lo que dijeron y pensaban otros; te permite experimentar otras vidas en carne propia; encontrar ideas perdidas; descubrir sentimientos nuevos…
Comprendo indudablemente que leer pueda ser difícil. Más aún en esta época hiperacelerada de gratificación instántanea. Sentarse preternaturalmente a observar un conjunto de líneas en celulosa planchada o un conjunto de píxeles con electrones fluyendo como energía es difícil, pues requiere determinación, disciplina, paciencia…
-Pero Diego, la gente hoy lee más que nunca, todo en internet es texto.
Por supuesto, pero un tweet de 140 caracteres no es equiparable a un libro. Usando nuestro ejemplo anterior, sería el producto azucarado, adictivo pero de carente valor nutricional.
La lectura larga de un libro ofrece contemplación, ofrece sentimientos, enajenación y abstracción que confluyen no en la nada, sino en otra vivencia igualmente rica y creadora de experiencia. Leer libros es diferente.
Yo sé que algunos de ustedes, como digo más arriba, requieren de datos para poder convencerse. Así que aquí van unos cuantos:
Aunque no sepamos exactamente que es la inteligencia, se ha podido observar que mejora la inteligencia emocional, la resolución de problemas y la memoria procedural. También aumenta considerablemente la capacidad de las personas para sentir lo que otros sienten.
Encargada de facilitar el aprendizaje y permitir que las distintas partes de tu cerebro se comuniquen.
Esta es bastante obvia, ¿no?
También un poco obvia, pero te permite ser más claro con lo que quieres expresar.
Aquello que sientes es real, porque no puede comprender el cerebro que no lo es. No sólo eso, sino que si imaginas acciones se activas las mismas partes del cerebro que si las realizas. No te dará un cuerpazo, pero podrás ser más fino con tus movimientos meramente por leer.
Leer es un ejercicio cerebral increíble. Esto no es pretexto para la vanagloria, no. Tampoco nos excusa para poder demeritar a los demás.
Es cierto, sin embargo, que no es igual una serie, un video o una película a un libro. El libro es largo, extenso, lento. Fue hecho para comunicar lo más precisamente posible. Lo demás es mero contenido. Un video, una película, una serie, es un pensamiento ya procesado y regurgitado. Ya está hecho, sólo falta consumirlo. Mientras que el libro únicamente pone en orden ideas, para después al ser leídas permita la creación de nuevos pensamientos, imágenes, sonidos e historias. Cada quien, cuando lee, imagina algo ligeramente diferente, en base a nuestras experiencias. No es raro ver que diferentes personas llegan a conclusiones diferentes y que se viven de maneras diferentes. Es mucho más personal.
Desprestigiar sólo porque si a quien lee, a la lectura, o al hecho de leer es algo increíblemente estúpido.
En una democracia necesitamos de más gente leída por todo lo mencionado anteriormente. Gente con criterio propio. Con filosofía. Con capacidad crítica. Con capacidad de autoeducarse. De generar sus ideas. Que puedan vencer al yugo que les mantiene oprimidos.
No es raro que las dictaduras y las épocas de mayor opresión tuvieran actos de quema de libros y ocultar información. El camino a la libertad está ahí.
Como la encontró Frederick Douglass.
Necesitamos empaparnos de literatura. Dejarla ser tierra y agua donde podamos germinar y crecer, para poder brindar protección, sustento y guía a quienes nos rodean. En una democracia, la carencia de lectura afecta a todos. Seca la tierra, magulla la fruta, desperdicia el talento. Cuando falta, la oscuridad nos oprime, nos relega al olvido. Nos hace insignificantes.
Existir, deja de importar.
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Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.
Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.
