Un accidente llamado Valeria

Valeria dormida
Valeria dormida

Memesona tenía una misión: Esterilizar a todos los gatos callejeros de la cuadra. La razón es simple: son muchísimos. 

Obvio aprovechamos para darles una checada veterinaria primero, ver que son aptos, recuperarlos en caso de que no para que estén listos y entonces finalizar con una operación de esterilización, recuperación en casa con nosotros y luego de vuelta a la calle. Necesitamos controlar la población pues ellos no solamente comen las sobras de las personas, sino que son excelentes cazadores y matan mucha vida salvaje (si, incluso en la ciudad). Y aún así, cualquier población en exceso es un problema(estoy viendo directamente a la ciudad de Monterrey en este momento).


Image

Analizamos nuestros recursos (pues la gran mayoría de los gastos de rescates y planes corren por nuestra cuenta) y nos pusimos a la acción. Equipamos unas jaulas para tenerlos y llevarlos y proveerles refugio el tiempo suficiente y empezamos.

La mayoría de los gatos de la cuadra, aunque escurridizos, realmente no nos huyen mucho, algunos incluso nos buscan seguido (El Cholito es el principal y el más guapo) y por ende no estaba siendo complicado proseguir.

De este plan, realmente la mayor parte la hacía -y hace- Belinda, mientras yo estaba trabajando y consiguiendo el recurso indispensable. Pero entonces, en una de esas atrapadas nos pregunta una de las vecinas que si tenemos a Valeria, que era una gatita blanca con negro que solía visitar su casa. Belinda le dice que si, una que parece que tiene calentadores en las patas traseras (pues sus manchas negras dan ese aspecto) y la vecina dice que si, a lo que se alegra de que nos hagamos cargo de ella. 


Image

A esas alturas de la vida, Valeria ya estaba operada y en una jaula en la cochera, de donde no se le separaba su mejor amigo el Naranjita, aunque el si era muy temeroso de todo ser humano. Pero Valeria, en su recuperación, nunca estuvo sola, ya fuera porque nosotros estábamos o el Naranjita le hacía compañía de noche y día. Eventualmente también lo atrapamos.

La cosa es que, este plan empezó justo cuando nosotros ya habíamos adoptado a 8 gatos. Habíamos acordado que ya era necesario un alto. Nuestro plan original era un par, tal vez 3. De repente teníamos 8. Y tal vez tú, querido lector, no lo sepas todavía y te estés diciendo en la mente: 8 es todavía manejable. Claro, si no tienes 6 perros, 11 tortugas, petauros, entre otros animales de rescate que pasan transitoriamente pero requieren tiempo, espacio y esfuerzo. Estábamos indudablemente al límite.

Pero un día soleado de invierno, Belinda ocupada en otros menesteres, me pide ayuda. Hasta ese momento con esos gatos que teníamos había podido sola. Ese día no. Necesitaba que le diera de comer a los de afuera así que fui. Era de los últimos días que estaría encerrada Valeria, porque su recuperación estaba prácticamente completa. Agarré su alimentación y fui. 

Me miró y le miré. 

Sus grandes ojos me observaban fijamente. Y maulló suave, delicada. Valeria tiene una voz que se extiende la distancia justa hasta ti y no más allá.


Ojos de Valeria

Abrí su jaula y en lugar de apresurarse a la comida, se apresuró a mi mano. Se restregó en mi. Volteo a verme y se volvió a restregar en mi. Dudoso, entreabrí un poco más la jaula y ella no quiso huir. Solo quería restregarse en mi. Me volteaba a ver y luego volvía a hacerlo. La empecé a acariciar y se convirtió en un motorcito. Su vibración llenaba el espacio. Armonizaba con el jardín.

No pude. No tengo excusa más que esa. No pude resistirme. Belinda simplemente no pudo atenderles ese día. Yo solamente les iba a poner comida y ya. Valeria únicamente tenía que ser un gato y listo.


Image

Estábamos llenos, eso no admitía discusión. Pero no podía dejarla ir. Y más aún, si Valeria se quedaba, eso implicaba quedarnos con el Naranjita, que era más dilema porque el si nos huía. Desconozco realmente que podría pensar, ya que estuvo prácticamente toda su vida aquí con nosotros. Llegó siguiendo a Valeria y se veía que tenía a lo mucho un par de meses. Era un bebé.

¿Por qué no separarlos? Yo creo que los animales gozan de un intelecto mayor del que les damos crédito. Simplemente son muy diferentes para poderlo entender. Yo veía en ellos amistad y amor. ¿Por qué no se iba el Naranjita si tenía tanto miedo? Si realmente estaba obteniendo su comida y bebida por sus propios medios afuera y solo. No lo hacía por haber desarrollado un apego emocional hacia Valeria. Y Valeria hacia el. ¿Podrían haber crecido separados y asunto resuelto? También creo que si, pero era un daño que no valía la pena hacer.


Image

Y aunque al inicio decidimos que sería de la familia pero no estaría realmente dentro, no pudimos mantener esta palabra. Los riesgos afuera son muchos y muy diversos, no quisimos arriesgarnos. Así que le hicimos un hueco en nuestro hogar y en nuestros corazones. Y al Naranjita también.

Desde entonces todo ha sido diferente, como si hubiera pasado un accidente. Aunque, honestamente, yo no creo que los accidentes existan.


Image
Valeria dormida

Memesona tenía una misión: Esterilizar a todos los gatos callejeros de la cuadra. La razón es simple: son muchísimos. 

Obvio aprovechamos para darles una checada veterinaria primero, ver que son aptos, recuperarlos en caso de que no para que estén listos y entonces finalizar con una operación de esterilización, recuperación en casa con nosotros y luego de vuelta a la calle. Necesitamos controlar la población pues ellos no solamente comen las sobras de las personas, sino que son excelentes cazadores y matan mucha vida salvaje (si, incluso en la ciudad). Y aún así, cualquier población en exceso es un problema(estoy viendo directamente a la ciudad de Monterrey en este momento).


Image
Image

Analizamos nuestros recursos (pues la gran mayoría de los gastos de rescates y planes corren por nuestra cuenta) y nos pusimos a la acción. Equipamos unas jaulas para tenerlos y llevarlos y proveerles refugio el tiempo suficiente y empezamos.

La mayoría de los gatos de la cuadra, aunque escurridizos, realmente no nos huyen mucho, algunos incluso nos buscan seguido (El Cholito es el principal y el más guapo) y por ende no estaba siendo complicado proseguir.

De este plan, realmente la mayor parte la hacía -y hace- Belinda, mientras yo estaba trabajando y consiguiendo el recurso indispensable. Pero entonces, en una de esas atrapadas nos pregunta una de las vecinas que si tenemos a Valeria, que era una gatita blanca con negro que solía visitar su casa. Belinda le dice que si, una que parece que tiene calentadores en las patas traseras (pues sus manchas negras dan ese aspecto) y la vecina dice que si, a lo que se alegra de que nos hagamos cargo de ella. 


A esas alturas de la vida, Valeria ya estaba operada y en una jaula en la cochera, de donde no se le separaba su mejor amigo el Naranjita, aunque el si era muy temeroso de todo ser humano. Pero Valeria, en su recuperación, nunca estuvo sola, ya fuera porque nosotros estábamos o el Naranjita le hacía compañía de noche y día. Eventualmente también lo atrapamos.

La cosa es que, este plan empezó justo cuando nosotros ya habíamos adoptado a 8 gatos. Habíamos acordado que ya era necesario un alto. Nuestro plan original era un par, tal vez 3. De repente teníamos 8. Y tal vez tú, querido lector, no lo sepas todavía y te estés diciendo en la mente: 8 es todavía manejable. Claro, si no tienes 6 perros, 11 tortugas, petauros, entre otros animales de rescate que pasan transitoriamente pero requieren tiempo, espacio y esfuerzo. Estábamos indudablemente al límite.

Ojos de Valeria

Pero un día soleado de invierno, Belinda ocupada en otros menesteres, me pide ayuda. Hasta ese momento con esos gatos que teníamos había podido sola. Ese día no. Necesitaba que le diera de comer a los de afuera así que fui. Era de los últimos días que estaría encerrada Valeria, porque su recuperación estaba prácticamente completa. Agarré su alimentación y fui. 

Me miró y le miré. 

Sus grandes ojos me observaban fijamente. Y maulló suave, delicada. Valeria tiene una voz que se extiende la distancia justa hasta ti y no más allá.

Abrí su jaula y en lugar de apresurarse a la comida, se apresuró a mi mano. Se restregó en mi. Volteo a verme y se volvió a restregar en mi. Dudoso, entreabrí un poco más la jaula y ella no quiso huir. Solo quería restregarse en mi. Me volteaba a ver y luego volvía a hacerlo. La empecé a acariciar y se convirtió en un motorcito. Su vibración llenaba el espacio. Armonizaba con el jardín.

No pude. No tengo excusa más que esa. No pude resistirme. Belinda simplemente no pudo atenderles ese día. Yo solamente les iba a poner comida y ya. Valeria únicamente tenía que ser un gato y listo.

Image

Estábamos llenos, eso no admitía discusión. Pero no podía dejarla ir. Y más aún, si Valeria se quedaba, eso implicaba quedarnos con el Naranjita, que era más dilema porque el si nos huía. Desconozco realmente que podría pensar, ya que estuvo prácticamente toda su vida aquí con nosotros. Llegó siguiendo a Valeria y se veía que tenía a lo mucho un par de meses. Era un bebé.

¿Por qué no separarlos? Yo creo que los animales gozan de un intelecto mayor del que les damos crédito. Simplemente son muy diferentes para poderlo entender. Yo veía en ellos amistad y amor. ¿Por qué no se iba el Naranjita si tenía tanto miedo? Si realmente estaba obteniendo su comida y bebida por sus propios medios afuera y solo. No lo hacía por haber desarrollado un apego emocional hacia Valeria. Y Valeria hacia el. ¿Podrían haber crecido separados y asunto resuelto? También creo que si, pero era un daño que no valía la pena hacer.


Image
Image

Y aunque al inicio decidimos que sería de la familia pero no estaría realmente dentro, no pudimos mantener esta palabra. Los riesgos afuera son muchos y muy diversos, no quisimos arriesgarnos. Así que le hicimos un hueco en nuestro hogar y en nuestros corazones. Y al Naranjita también.

Desde entonces todo ha sido diferente, como si hubiera pasado un accidente. Aunque, honestamente, yo no creo que los accidentes existan.

¿Te gustó? ¡Comparte!

Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.