Hygge y la navidad – Parte 1

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Recuerdo bien ver la palabra y sentir una especie de click inmediato. Habíamos estado viajando durante horas en una ciudad nueva, -Copenhague-, llena de bicicletas en todos lados, calles conviviendo con ríos y una perfecta sucesión de casas prácticamente idénticas en diseño y en esmero. Después de un recorrido en tren y mucho frío llegamos a la casa de nuestro amigo quien después de recibirnos nos dejó solos un rato en una sala cuya única iluminación era una pequeña lámpara en una mesa.

Afuera la noche lo había cubierto ya todo y se escuchaba el viento suave mover las ramas de árboles ya desprovistos de sus hojas. El invierno estaba por llegar y lo sabíamos todos los seres vivos, tuviéramos o no un calendario. En un momento apareció de nuevo nuestro amigo y nos señaló un libro: “Miren ese libro habla del Hygge y es algo muy de la cultura de aquí. Es muy bonito, se los recomiendo.” 


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A mi no me dicen dos veces que observe un libro, así que lo tomé en mis manos y de alguna manera la palabra me sonaba familiar. Desconozco de donde, pero estoy prácticamente seguro que fue de algún comentario en youtube mientras devoraba incesantemente la música de Olafur Arnalds -más de esto en el post sobre Islandia que viene-. Una leída rápida y entendí todo a mi alrededor.

Entendí la lámpara -no el meme, todavía no existía-. Entendí el silencio que me dejaba escuchar el viento. Entendí la tele apagada, la luz mercurial tenue, la pequeña cobija en el sillón. Todo invitaba, pero ¿qué invitaba? A disfrutar de uno mismo y de nuestro alrededor. 

Inmersos en el mundo actual y frenético nos hemos olvidado que necesitamos de esto, de paz y quietud. De silencio y oscuridad. Es la única manera de volver a darle valor a la luz. A la calidez. A la presencia


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Hygge es una palabra que no tiene tal cual una traducción directa, pero viene a ser algo así como esta sensación de bienestar generalizado. No sólo es la búsqueda de la felicidad diaria, sino el sentirla. Esa felicidad que te da estar con los que amas. Que te da un buen libro. Que te da una bebida caliente en el frío. Un viento agradable en el calor. Es la felicidad que te compenetra totalmente y se ancla para siempre en tu memoria.

Es innegable que existen ambientes, cosas, tradiciones, personas, olores, sonidos, etc. que nos provocan bienestar. Que incitan en nosotros paz, alegría, tranquilidad. Que inspiran. Así, nada más. Los daneses simplemente tuvieron la osadía de conjugar toda esta variedad de conexiones positivas dentro de una palabra.


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A veces nos fijamos expectativas de querer tener cosas inexplicables. Que sean tan increíbles que no encontremos una manera real y precisa de describirlo. En nuestro afán por lo extraordinario, olvidamos que siempre hay un primer paso que dar. Toda historia comienza con algo tan simple como eso. Definir este sentimiento es nuestro inicio hacia una plenitud más cercana y más completa.

Escribo sobre hygge ahorita que está por entrar el invierno, que estamos en diciembre entre posadas y con el olor tan cercano de la navidad porque es una fecha que está estrechamente relacionada. Son épocas de amor. De dar sin esperar nada a cambio. De sonreír más seguido. De olvidar nuestros problemas y de disfrutar el momento. La navidad es una de las tradiciones - con todas sus variedades mundiales- que más aceptación tiene y que más gusta a la gente.


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No entraré en detalles de cómo parece que el clima nos afecta mucho más de lo que creemos -con mapas que detallan el índice de violencia en estrecha relación con la temperatura promedio de la región, por ejemplo- sino de como podemos aprovechar el saber que existen estas cosas a nuestro favor.

Saber construir un ambiente a nuestro alrededor que propicie la felicidad y el bienestar debería ser una de nuestras prioridades. He escuchado a gente cercana a mi describir como muchas veces no se sienten cómodos en los sitios que frecuentan -su casa, su cuarto, su lugar de trabajo- y acto seguido describir una medida de evasión. Ya sea irse. Distraerse. Dormir. Y así, se suceden los días postergando para siempre lo que queríamos haber hecho. Sin llegar a realizarlo nunca.

No solamente los lugares pueden construirse y adaptarse para que generen felicidad. También nuestras actitudes. Nuestros hobbies y pasatiempos. Nuestros seres queridos. Saber elegir qué, cómo y cuándo para empezar desde ya un porvenir más feliz.


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A pesar de la infinita variedad individual que existe entre nosotros, hay cosas en común que nos proporcionan bienestar, como la navidad misma. El libro menciona unas de estas opciones que podemos implementar en nuestros lugares como: El uso de velas es uno de ellos. Al menos yo gratamente descubrí que nos funciona. Tener algunas velas encendidas, sobre todo de noche, nos da esa sensación de comodidad, de hygge, de estar agusto. No sé exactamente porqué. Si sea el suave bailar de la flama. Si sea esa luz tenue y cálida. Si sea el calor, aún y que no lo sienta físicamente. Pero las velas se han convertido en parte  cotidiano de nuestro hogar. (Es necesario decirlo, tener algo como velas o cualquier cosa que tenga una llama requiere cuidados extra: espacios seguros sin nada inflamable alrededor, inalcanzable para mascotas, niños, etc., una manera rápida de apagar el fuego y ventilación adecuada.)

Otro aspecto estrechamente relacionado con esto es la iluminación. La luz puede adoptar “muchas formas”. Ser de muchos colores. Estar en muchos lados. No sentimos igual la luz del mediodía y la luz del atardecer, aún si quitamos la temperatura como factor. La luz suave, difuminada, por alguna razón suele gustar más. Un único foco centralizado en el medio de un cuarto creará un patrón de sombras desagradables e iluminaciones desuniformes. Tener una mayor cantidad de luces brinda una mejor atmósfera. Que estas pueden difuminarse un poco ayuda también. Las tiras de luces o esas decoraciones en casas elegantes donde ponen la luz detrás de pequeñas protuberancias en los techos y demás son claros ejemplos de como siempre hemos buscado este tipo de iluminación. 


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Y no sólo eso, sino que cada vez más se ha ido descubriendo como los colores de la misma nos afecta. Como la iluminación azul parece influir sobre nosotros evitando que se produzcan de manera natural nuestros ciclos circadianos y de como la iluminación cálida o amarilla no suele tener ese efecto. Además de que parece haber cierta relación de admiración y relajación que no se sabe si está “impresa” en nuestra genética por su parecido con el fuego.

Establecer estos patrones en nuestro entorno, aunque no lo parezca, ayuda a crear un ambiente más cómodo, más “cálido” emocionalmente. Más de cercanía, retrospectiva y seguridad.

En el siguiente post seguiré ahondando sobre que otras cosas ayudan a crear hygge a nuestro alrededor. No sólo cosas, sino acciones, aptitudes y personas. 

Construir un entorno feliz que funcione por si mismo es una de las mejores decisiones que podemos tomar para tener una vida más plena y feliz. Más hygge.


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Recuerdo bien ver la palabra y sentir una especie de click inmediato. Habíamos estado viajando durante horas en una ciudad nueva, -Copenhague-, llena de bicicletas en todos lados, calles conviviendo con ríos y una perfecta sucesión de casas prácticamente idénticas en diseño y en esmero. Después de un recorrido en tren y mucho frío llegamos a la casa de nuestro amigo quien después de recibirnos nos dejó solos un rato en una sala cuya única iluminación era una pequeña lámpara en una mesa.

Afuera la noche lo había cubierto ya todo y se escuchaba el viento suave mover las ramas de árboles ya desprovistos de sus hojas. El invierno estaba por llegar y lo sabíamos todos los seres vivos, tuviéramos o no un calendario. En un momento apareció de nuevo nuestro amigo y nos señaló un libro: “Miren ese libro habla del Hygge y es algo muy de la cultura de aquí. Es muy bonito, se los recomiendo.” 


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A mi no me dicen dos veces que observe un libro, así que lo tomé en mis manos y de alguna manera la palabra me sonaba familiar. Desconozco de donde, pero estoy prácticamente seguro que fue de algún comentario en youtube mientras devoraba incesantemente la música de Olafur Arnalds -más de esto en el post sobre Islandia que viene-. Una leída rápida y entendí todo a mi alrededor.

Entendí la lámpara -no el meme, todavía no existía-. Entendí el silencio que me dejaba escuchar el viento. Entendí la tele apagada, la luz mercurial tenue, la pequeña cobija en el sillón. Todo invitaba, pero ¿qué invitaba? A disfrutar de uno mismo y de nuestro alrededor. 


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Hygge es una palabra que no tiene tal cual una traducción directa, pero viene a ser algo así como esta sensación de bienestar generalizado. No sólo es la búsqueda de la felicidad diaria, sino el sentirla. Esa felicidad que te da estar con los que amas. Que te da un buen libro. Que te da una bebida caliente en el frío. Un viento agradable en el calor. Es la felicidad que te compenetra totalmente y se ancla para siempre en tu memoria.

Es innegable que existen ambientes, cosas, tradiciones, personas, olores, sonidos, etc. que nos provocan bienestar. Que incitan en nosotros paz, alegría, tranquilidad. Que inspiran. Así, nada más. Los daneses simplemente tuvieron la osadía de conjugar toda esta variedad de conexiones positivas dentro de una palabra.


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A veces nos fijamos expectativas de querer tener cosas inexplicables. Que sean tan increíbles que no encontremos una manera real y precisa de describirlo. En nuestro afán por lo extraordinario, olvidamos que siempre hay un primer paso que dar. Toda historia comienza con algo tan simple como eso. Definir este sentimiento es nuestro inicio hacia una plenitud más cercana y más completa.

Escribo sobre hygge ahorita que está por entrar el invierno, que estamos en diciembre entre posadas y con el olor tan cercano de la navidad porque es una fecha que está estrechamente relacionada. Son épocas de amor. De dar sin esperar nada a cambio. De sonreír más seguido. De olvidar nuestros problemas y de disfrutar el momento. La navidad es una de las tradiciones - con todas sus variedades mundiales- que más aceptación tiene y que más gusta a la gente.


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No entraré en detalles de cómo parece que el clima nos afecta mucho más de lo que creemos -con mapas que detallan el índice de violencia en estrecha relación con la temperatura promedio de la región, por ejemplo- sino de como podemos aprovechar el saber que existen estas cosas a nuestro favor.

Saber construir un ambiente a nuestro alrededor que propicie la felicidad y el bienestar debería ser una de nuestras prioridades. He escuchado a gente cercana a mi describir como muchas veces no se sienten cómodos en los sitios que frecuentan -su casa, su cuarto, su lugar de trabajo- y acto seguido describir una medida de evasión. Ya sea irse. Distraerse. Dormir. Y así, se suceden los días postergando para siempre lo que queríamos haber hecho. Sin llegar a realizarlo nunca.

No solamente los lugares pueden construirse y adaptarse para que generen felicidad. También nuestras actitudes. Nuestros hobbies y pasatiempos. Nuestros seres queridos. Saber elegir qué, cómo y cuándo para empezar desde ya un porvenir más feliz.


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A pesar de la infinita variedad individual que existe entre nosotros, hay cosas en común que nos proporcionan bienestar, como la navidad misma. El libro menciona unas de estas opciones que podemos implementar en nuestros lugares como: El uso de velas es uno de ellos. Al menos yo gratamente descubrí que nos funciona. Tener algunas velas encendidas, sobre todo de noche, nos da esa sensación de comodidad, de hygge, de estar agusto. No sé exactamente porqué. Si sea el suave bailar de la flama. Si sea esa luz tenue y cálida. Si sea el calor, aún y que no lo sienta físicamente. Pero las velas se han convertido en parte  cotidiano de nuestro hogar. (Es necesario decirlo, tener algo como velas o cualquier cosa que tenga una llama requiere cuidados extra: espacios seguros sin nada inflamable alrededor, inalcanzable para mascotas, niños, etc., una manera rápida de apagar el fuego y ventilación adecuada.)

Otro aspecto estrechamente relacionado con esto es la iluminación. La luz puede adoptar “muchas formas”. Ser de muchos colores. Estar en muchos lados. No sentimos igual la luz del mediodía y la luz del atardecer, aún si quitamos la temperatura como factor. La luz suave, difuminada, por alguna razón suele gustar más. Un único foco centralizado en el medio de un cuarto creará un patrón de sombras desagradables e iluminaciones desuniformes. Tener una mayor cantidad de luces brinda una mejor atmósfera. Que estas pueden difuminarse un poco ayuda también. Las tiras de luces o esas decoraciones en casas elegantes donde ponen la luz detrás de pequeñas protuberancias en los techos y demás son claros ejemplos de como siempre hemos buscado este tipo de iluminación. 


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Y no sólo eso, sino que cada vez más se ha ido descubriendo como los colores de la misma nos afecta. Como la iluminación azul parece influir sobre nosotros evitando que se produzcan de manera natural nuestros ciclos circadianos y de como la iluminación cálida o amarilla no suele tener ese efecto. Además de que parece haber cierta relación de admiración y relajación que no se sabe si está “impresa” en nuestra genética por su parecido con el fuego.

Establecer estos patrones en nuestro entorno, aunque no lo parezca, ayuda a crear un ambiente más cómodo, más “cálido” emocionalmente. Más de cercanía, retrospectiva y seguridad.

En el siguiente post seguiré ahondando sobre que otras cosas ayudan a crear hygge a nuestro alrededor. No sólo cosas, sino acciones, aptitudes y personas. 

Construir un entorno feliz que funcione por si mismo es una de las mejores decisiones que podemos tomar para tener una vida más plena y feliz. Más hygge.

Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.