Un ateo en navidad

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Les contaba en el post de Hygge y la navidad sobre como son épocas de dar, de estar con los que amamos, de pasarla bien en general. Sin embargo, siendo el único ateo en una familia creyente me lo complicó muchos años.

La navidad en México ha sido durante muchos años tergiversada a creer que es algo relacionado a la religión, cuando no es así. La navidad antecede por mucho a la religión cristiano/católica -que es lo predominante en México y en mi familia-. Desde que el ser humano tiene uso de razón ha observado lo peculiar del solsticio de invierno, como el sol parece “detenerse” en su ruta habitual durante 3 días -el sol cambia de posición durante todos los días del año, pero en los solsticios da la impresión de que no- y ha creado celebraciones alrededor de esto, sobre todo de la de invierno. Saturnalia en Roma, Yule en Escandinavia, el nacimiento de Mexi, hijo de Coatlicue en México o el renacimiento del dios Ra en Egipto.


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Siempre ha suscitado más fascinación la de invierno porque después viene la primavera y podían todos ver como el mundo parecía recobrar vida. De ahí tanta tradición y mito de renacer. Saber nuestra historia no es un aburrimiento cuando comprendemos que forma parte no solo de lo que somos, sino para saber mejor hacia donde vamos, al entender lo que hemos hecho y porque y a donde queremos llegar. Como individuos. Como sociedad. Como especie.

Todas estas festividades siempre tuvieron algo en común: un ambiente positivo. Festejos. Dejar las rencillas a un lado y perdonar. Ser más unidos. Desde la época pagana hasta nuestros días de hoy. Y eso es lo que me gusta. Lo que decido valorar y creo que es lo más importante que debemos apreciar de esta época: superar y dejar atrás los problemas, amar más al prójimo y a toda la vida en general. Y pasarla bien.

Un descanso para regresar más fuertes y mejores. Como las plantas. Como la vida misma.


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En México es muy común que se hagan peregrinaciones. Que se le rece al niño dios. Que tengas que ir a la iglesia. Y a todas estas actividades religiosas me negaba desde muy pequeño. Y por todo esto obtenía regaños y conflictos. A veces quienes predican el amor al prójimo enfrentan desafíos al practicarlo con quienes son diferentes.

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Y algunos de ustedes dirán, -sobretodo porque lo han hecho ya- que porque no lo hacía y me dejaba de dramas. Como si fuera correcto ceder, ser pisoteado socialmente. Nunca defender tus ideales y lo que eres. ¿Tanto cuesta dejar a la gente en paz que prefieren doblegarla aún en “cosas sin importancia” como lo tratan de hacer ver? No es correcto. Simplemente porque es una falta de respeto.

Crecí en un ambiente así. No todo era malo sin duda. Cuando pasaba la tradición religiosa bajaba la tensión y el poderío de la navidad se hacía sentir. El olor de la comida. La calidez de las personas. Las risas de fondo como la mejor música navideña que pueda existir. 


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Son estas cosas realmente lo que hacen que un escéptico participe en estas tradiciones que se creen religiosas. Dar regalos. Convivir. Adornar en pos de un señor vestido de rojo que obviamente no existe y perpetuar esto, no sólo por los más pequeños, sino por todos nosotros. Por la magia que conlleva.

Eso es lo que hace un ateo en navidad. 


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Les contaba en el post de Hygge y la navidad sobre como son épocas de dar, de estar con los que amamos, de pasarla bien en general. Sin embargo, siendo el único ateo en una familia creyente me lo complicó muchos años.

La navidad en México ha sido durante muchos años tergiversada a creer que es algo relacionado a la religión, cuando no es así. La navidad antecede por mucho a la religión cristiano/católica -que es lo predominante en México y en mi familia-. Desde que el ser humano tiene uso de razón ha observado lo peculiar del solsticio de invierno, como el sol parece “detenerse” en su ruta habitual durante 3 días -el sol cambia de posición durante todos los días del año, pero en los solsticios da la impresión de que no- y ha creado celebraciones alrededor de esto, sobre todo de la de invierno. Saturnalia en Roma, Yule en Escandinavia, el nacimiento de Mexi, hijo de Coatlicue en México o el renacimiento del dios Ra en Egipto.


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Siempre ha suscitado más fascinación la de invierno porque después viene la primavera y podían todos ver como el mundo parecía recobrar vida. De ahí tanta tradición y mito de renacer. Saber nuestra historia no es un aburrimiento cuando comprendemos que forma parte no solo de lo que somos, sino para saber mejor hacia donde vamos, al entender lo que hemos hecho y porque y a donde queremos llegar. Como individuos. Como sociedad. Como especie.

Todas estas festividades siempre tuvieron algo en común: un ambiente positivo. Festejos. Dejar las rencillas a un lado y perdonar. Ser más unidos. Desde la época pagana hasta nuestros días de hoy. Y eso es lo que me gusta. Lo que decido valorar y creo que es lo más importante que debemos apreciar de esta época: superar y dejar atrás los problemas, amar más al prójimo y a toda la vida en general. Y pasarla bien.

Un descanso para regresar más fuertes y mejores. Como las plantas. Como la vida misma.


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En México es muy común que se hagan peregrinaciones. Que se le rece al niño dios. Que tengas que ir a la iglesia. Y a todas estas actividades religiosas me negaba desde muy pequeño. Y por todo esto obtenía regaños y conflictos. A veces quienes predican el amor al prójimo enfrentan desafíos al practicarlo con quienes son diferentes.

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Y algunos de ustedes dirán, -sobretodo porque lo han hecho ya- que porque no lo hacía y me dejaba de dramas. Como si fuera correcto ceder, ser pisoteado socialmente. Nunca defender tus ideales y lo que eres. ¿Tanto cuesta dejar a la gente en paz que prefieren doblegarla aún en “cosas sin importancia” como lo tratan de hacer ver? No es correcto. Simplemente porque es una falta de respeto.

Crecí en un ambiente así. No todo era malo sin duda. Cuando pasaba la tradición religiosa bajaba la tensión y el poderío de la navidad se hacía sentir. El olor de la comida. La calidez de las personas. Las risas de fondo como la mejor música navideña que pueda existir. 


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Son estas cosas realmente lo que hacen que un escéptico participe en estas tradiciones que se creen religiosas. Dar regalos. Convivir. Adornar en pos de un señor vestido de rojo que obviamente no existe y perpetuar esto, no sólo por los más pequeños, sino por todos nosotros. Por la magia que conlleva.

Eso es lo que hace un ateo en navidad. 


Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.