Hygge y la navidad – Parte 2

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Recuerdo la expectativa de la posada de la cuadra. Las luces cálidas cruzando la calle de casa a casa. Los vecinos animados y apurados preparando lo último de la comida y claro, gritando a hijos, esposos y hermanos que compren lo que habían olvidado. Uno de ellos llegando con la piñata -llena de dulces- que esperaba la masacre de su vida -si tuviera una, obvio-. Y en medio de todo este caos, prisas y labores, la felicidad de todos. La expectativa pocas veces es tan clara y efímera: festejar la navidad entre todos. 

Yo y los demás pequeños nos la pasamos jugando más que ayudando, pero recuerdo bien ver los rostros y aunque había destellos de estrés por las responsabilidades para con los demás, la felicidad lo abarcaba todo. Había villancicos sonando pero la música que más recuerdo eran los gritos felices y las risas. Sin saberlo realmente, estábamos plenos en esa noche. Rodeados de gente amada, de comida rica, de luces y calidez aún en el frío, no importaba nada más. La navidad en pleno.


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Es muy diferente indudablemente a lo que un escandinavo piensa de la navidad. A lo que se imagina un japonés, un africano o un ruso. Sin embargo, todos tenemos algo en común: la tradición nos obliga a convivir en paz y armonía con los demás. Por alguna razón, veo todo esto al leer y escuchar la palabra hygge a pesar de ser relativamente nueva para mí, extranjera y desconocida. Me gusta lo que implica y lo que concentra.

En el libro “El poder de las palabras” su autor menciona que el simple hecho de ponerle un nombre a emociones específicas nos ayuda a sentirlas más plenamente, a reconocerlas mejor. Establecer una palabra para evitar describir en oraciones un sentimiento irónicamente ayuda a definirlo y por tanto a sentirlo internamente.

Aparte de la definición, el léxico y los pensamientos, nuestro entorno puede edificarse con esto como su razón de ser, provocando que sea un iniciador de emociones positivas por el mero hecho de la evocación, la asociación de ideas y la propiciación de ambientes y actitudes favorables. Continuo con esto en mente después de hablarles en el post pasado acerca de las luces y su forma, color y distribución y también sobre el uso de velas y sus cuidados.


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Acompañamiento


Somos seres sociales por naturaleza. Desde el inicio de los tiempos el ser humano ha vivido en grupo. Aún y cuando seamos introvertidos o tengamos dificultades para socializar, tenemos un grupo de amigos que hemos realizado a través de los años con quienes nos sentimos cómodos. 

Busca realizar más actividades en grupo aún y cuando parezcan forzadas o tontas en un inicio. Muchos de nuestros recuerdos más gratos empiezan así, con un grupo de gente en un plan o actividad sin importancia y terminan grabándose a fuego en nuestra memoria. 

Si no tienes idea de como empezar, empieza sencillo. Alguna cena en casa de alguien o en algún lugar público que les guste, de preferencia que permita la conversación. O si tienen algún interés en común como juegos de mesa o deportes siempre es una buena idea.

Todo lo positivo tiene siempre algún área gris. En este caso es el hecho de si no tenemos realmente un grupo ya establecido de amigos o cuando alguien busca integrarse y no somos muy abiertos a ello. Permitir la integración, la exploración y las nuevas oportunidades es un aspecto que puede resultar difícil pero puede dar increíbles resultados.


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Comida


Es algo increíble que asociemos comidas con emociones y sin embargo pasa. No creo que nadie asocie una zanahoria cruda con un agradable momento -que puede suceder, sin duda- pero si pensamos en pasteles, café o dulces la cosa cambia. 

Soy un defensor de la comida saludable y el ayuno intermitente y gran parte del porque lo hago es precisamente por esto: permitirnos la libertad de comer lo que sea, siempre en el momento correcto

Así que, romper la dieta de vez en cuando y tener un premiecito no es algo que deba evitarse. Y que mejor que hacerlo si lo acompañamos de lo anterior: una buena compañía a la luz de las velas.


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Hogar


Si bien puede parecer obvio que uno experimenta el mayor placer en casa, realmente no lo es. No es raro que algunos de nosotros se sientan incómodos en casa y busquen vías de escape. A muchos otros no les gusta salir, pero no precisamente porque amen su hogar. Construir un nido que brinde calidez y felicidad es super importante. Luces y velas ayudan. Comida agradable también. Pero también importa y mucho nuestro alrededor.

Que tengamos el orden que queremos -cada quien tiene diferentes niveles de orden, pero aún así muchas veces estamos fuera de nuestro óptimo-, que tengamos objetos que alienten esta sensación -es diferente un lugar lleno de cosas metálicas que de cosas de madera por ejemplo, el equilibrio lo es todo-, y que haya cosas que nos gusten. Desechar los muebles que no van con nosotros y poner unos que sí. Acomodar en algún sitio alguna fotografía de un momento feliz o hito de nuestras vidas. 

En el siguiente post terminaré de hablar sobre lo que podemos hacer para tener más hygge con nosotros, pero dime en redes mientras tanto: ¿cuál de estas ideas te animarías a intentar?


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Recuerdo la expectativa de la posada de la cuadra. Las luces cálidas cruzando la calle de casa a casa. Los vecinos animados y apurados preparando lo último de la comida y claro, gritando a hijos, esposos y hermanos que compren lo que habían olvidado. Uno de ellos llegando con la piñata -llena de dulces- que esperaba la masacre de su vida -si tuviera una, obvio-. Y en medio de todo este caos, prisas y labores, la felicidad de todos. La expectativa pocas veces es tan clara y efímera: festejar la navidad entre todos. 

Yo y los demás pequeños nos la pasamos jugando más que ayudando, pero recuerdo bien ver los rostros y aunque había destellos de estrés por las responsabilidades para con los demás, la felicidad lo abarcaba todo. Había villancicos sonando pero la música que más recuerdo eran los gritos felices y las risas. Sin saberlo realmente, estábamos plenos en esa noche. Rodeados de gente amada, de comida rica, de luces y calidez aún en el frío, no importaba nada más. La navidad en pleno.


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Es muy diferente indudablemente a lo que un escandinavo piensa de la navidad. A lo que se imagina un japonés, un africano o un ruso. Sin embargo, todos tenemos algo en común: la tradición nos obliga a convivir en paz y armonía con los demás. Por alguna razón, veo todo esto al leer y escuchar la palabra hygge a pesar de ser relativamente nueva para mí, extranjera y desconocida. Me gusta lo que implica y lo que concentra.

En el libro “El poder de las palabras” su autor menciona que el simple hecho de ponerle un nombre a emociones específicas nos ayuda a sentirlas más plenamente, a reconocerlas mejor. Establecer una palabra para evitar describir en oraciones un sentimiento irónicamente ayuda a definirlo y por tanto a sentirlo internamente.

Aparte de la definición, el léxico y los pensamientos, nuestro entorno puede edificarse con esto como su razón de ser, provocando que sea un iniciador de emociones positivas por el mero hecho de la evocación, la asociación de ideas y la propiciación de ambientes y actitudes favorables. Continuo con esto en mente después de hablarles en el post pasado acerca de las luces y su forma, color y distribución y también sobre el uso de velas y sus cuidados.


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Acompañamiento


Somos seres sociales por naturaleza. Desde el inicio de los tiempos el ser humano ha vivido en grupo. Aún y cuando seamos introvertidos o tengamos dificultades para socializar, tenemos un grupo de amigos que hemos realizado a través de los años con quienes nos sentimos cómodos. 

Busca realizar más actividades en grupo aún y cuando parezcan forzadas o tontas en un inicio. Muchos de nuestros recuerdos más gratos empiezan así, con un grupo de gente en un plan o actividad sin importancia y terminan grabándose a fuego en nuestra memoria. 

Si no tienes idea de como empezar, empieza sencillo. Alguna cena en casa de alguien o en algún lugar público que les guste, de preferencia que permita la conversación. O si tienen algún interés en común como juegos de mesa o deportes siempre es una buena idea.

Todo lo positivo tiene siempre algún área gris. En este caso es el hecho de si no tenemos realmente un grupo ya establecido de amigos o cuando alguien busca integrarse y no somos muy abiertos a ello. Permitir la integración, la exploración y las nuevas oportunidades es un aspecto que puede resultar difícil pero puede dar increíbles resultados.


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Comida


Es algo increíble que asociemos comidas con emociones y sin embargo pasa. No creo que nadie asocie una zanahoria cruda con un agradable momento -que puede suceder, sin duda- pero si pensamos en pasteles, café o dulces la cosa cambia. 

Soy un defensor de la comida saludable y el ayuno intermitente y gran parte del porque lo hago es precisamente por esto: permitirnos la libertad de comer lo que sea, siempre en el momento correcto

Así que, romper la dieta de vez en cuando y tener un premiecito no es algo que deba evitarse. Y que mejor que hacerlo si lo acompañamos de lo anterior: una buena compañía a la luz de las velas.


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Hogar


Si bien puede parecer obvio que uno experimenta el mayor placer en casa, realmente no lo es. No es raro que algunos de nosotros se sientan incómodos en casa y busquen vías de escape. A muchos otros no les gusta salir, pero no precisamente porque amen su hogar. Construir un nido que brinde calidez y felicidad es super importante. Luces y velas ayudan. Comida agradable también. Pero también importa y mucho nuestro alrededor.

Que tengamos el orden que queremos -cada quien tiene diferentes niveles de orden, pero aún así muchas veces estamos fuera de nuestro óptimo-, que tengamos objetos que alienten esta sensación -es diferente un lugar lleno de cosas metálicas que de cosas de madera por ejemplo, el equilibrio lo es todo-, y que haya cosas que nos gusten. Desechar los muebles que no van con nosotros y poner unos que sí. Acomodar en algún sitio alguna fotografía de un momento feliz o hito de nuestras vidas. 

En el siguiente post terminaré de hablar sobre lo que podemos hacer para tener más hygge con nosotros, pero dime en redes mientras tanto: ¿cuál de estas ideas te animarías a intentar?


Diego Arquieta

Ingeniero, fotógrafo, escritor, lector, autodidacta, deportista.

Nací en Monterrey, México y desde pequeño he tenido una curiosidad insaciable, de ahí nace mi autodidactismo más puro, al necesitar constantemente aprender de todo.
Mis gustos son extremadamente variados, desde los cómics hasta Nietzsche; desde senderismo en la montaña hasta desarrollo web.
Busco en la vida una incesante mejora y la oportunidad de vivir nuevas y mejores aventuras mientras ayudo al mundo al lado de Belinda.